Eólicas ¿para qué?
Para producir energía barata y no contaminante, por supuesto. Pero en el pasado mes de agosto, la energía eólica que mayoritariamente está en manos de las grandes eléctricas nacionales, redujo su aportación a la mitad en las horas diurnas respecto a las nocturnas, dejando más hueco para que entrarán la hidroeléctrica y el gas en el “mix energético”, ofertado al precio actual de mercado y no a lo que costó en el momento de la compra; algo parecido ha pasado con la energía fotovoltaica. Tan obvio resulta que los precios altos del gas encarecen la producción de energía, como que las eléctricas coordinan prácticas especulativas que, además de vaciar los pantanos, han elevado alrededor de un 15% la factura desde junio. Poco beneficio obtendrá el consumidor de los fondos aportados por el estado para extender energías baratas y limpias, si estas quedan en manos de empresas carentes de ética.
