HAY MOTIVOS
Pocos son los ciudadanos que no se sienten concernidos cuando a su alrededor se van perdiendo los frutos, ganados con el esfuerzo colectivo, de la llamada sociedad del bienestar, producto de un estado que cuida de los servicios sociales que se mantienen gracias a un reparto equitativo de una sociedad solidaria.
Tampoco puede negarse que el aumento del paro significa mayor gasto para el Ejecutivo, menos ingresos en el IRPF y, por tanto, menos consumo.
La elección de cargar sobre los asalariados el coste de la crisis (al margen de injusta) no produce beneficios más que a unos pocos y empobrece al país en general. Y es que la mal llamada reforma financiera –una especie de subasta entre bancos y cajas– lo único que dejó fue millares de trabajadores en la calle, menos oficinas y menos personal para la atención al cliente.
El recorte en las obras públicas ha significado un empobrecimiento en los servicios, bien sean infraestructuras sanitarias o en carreteras y, además, ha aumentado el paro.
El llamado “tijeretazo” en sanidad y educación además de “engordar” el paro con miles y miles de ciudadanos, “adelgaza” la calidad en ambos sectores prioritarios para el presente y futuro de la sociedad.
Y todo el esfuerzo para cumplir con el déficit. Algo que, la propia CEOE –que no es dudosa en sus planteamientos económicos– vaticina que no se cumplirá ni de lejos. Además, hay magistrados que dudan de que la reforma laboral tenga cabida en la Constitución.
Hay, todos lo sabemos y los que mandan más, hay otras fórmulas. Se pueden buscar más ingresos. Al contrario, por ejemplo, de la política emprendida por Feijóo, que además de apuntarse a gastar menos, prefirió hacer recortes tributarios que, según los expertos, no han servido para nada y se niega a elevar los impuestos a los que más ganan como la tasa sobre depósitos bancarios, que le piden desde la izquierda.
Otra cosa: los trabajadores que hoy hagan huelga perderán el salario del día más la parte proporcional de las pagas, las vacaciones y verán recortada en una jornada su vida laboral, mientras los empresarios se ahorrarán el sueldo y la parte que cotizan a la Seguridad Social. Con su sacrificio los trabajadores pretenden beneficios para todos, sean o no afiliados a los sindicatos.
Por todo lo dicho hay motivos suficientes para estar en la plaza de la Palloza a las doce.
