LA CAZUELA
Sobre el borde del pocillo de café, Manolo asomó un ojo y dijo: —Oye neno, ¿sabes algo del Rey? —Sí, es Juan Carlos, le dije. —Aparte de eso, neno, ¿sabes algo más?, dijo misterioso.
El misterio duró poco: un sorbo. —Mira, neno, siguió; le iban a operar el 3 de marzo de algo sin importancia; pero lo adelantaron al domingo pasado por una hernia discal con estenosis lumbar, que no es una coña; y sucedió algo raro: no le operaron. No se sabe si por el asunto Corinna, el de “a la niña que no me la toquen”, la declaración de Urdangarin, o si prepara su abdicación. Algo grave se cuece en el fogón de la Zarzuela, neno. Hay silencio informativo: ni prensa, radio, o televisión pían. Los medios parecen vetados por la Casa Real. Manolo apuró el café de un tirón, pagó, me palmeó el lomo, guiñó un ojo, y se fue. Sentí un escalofrío vertebral. ¡Jopé! Con lo que cae ¿se puede vivir sin saber del Rey?
