Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Tal y como está el país, resulta casi comprensible que políticos catalanes y madrileños anden a la greña por hacerse con un huequecito en el corazón de Sheldon Adelson. Este personaje en cuestión, multimillonario donde los haya, es el propietario del macrocasino Las Vegas Sands y, ahora, anda buscando quien le quiera para montar lo que ha dado en llamar Eurovegas.

El proyecto consiste en levantar un complejo a partir de un casino. Luego, en el plazo de diez años, llegarían doce hoteles con un total de 36.000 habitaciones, seis casinos con más de mil mesas de juego y más de 15.000 máquinas tragaperras, tres campos de golf, nueve teatros y un escenario con 15.000 butacas. Según aseguran los representantes del magnate, se trata de una inversión de unos 15.000 millones de euros, que podría crear más de 150.000 puestos de trabajo. Y esta es la cuestión crucial, esos 150.000 empleos en un país en el que los parados se cuentan por millones. Por ello, no es raro que desde Mas a Aguirre, pasando por Trías y Botella, todos, absolutamente, hayan perdido la dignidad y con ella ese norte del que habla una cerveza que reivindica el sur.

Lo que quiere Sheldon Adelson para poner su nombre en un proyecto en el que, de entrada, no pone un duro (el montante total de la operación se obtendría a través de un crédito del Banco Europeo de Inversiones que tendría que avalar el Estado español), es una especie de carta blanca, una patente de corso en la que, por ejemplo, se le garantice que los 150.000 contratados no tengan ningún derecho durante dos años, que los niños puedan entrar en los casinos, que en sus locales no se tenga en cuenta la ley antitabaco o, lo que es más llamativo, aunque no menos grave, cambios en la legislación sobre la prevención del blanqueo de capitales, con flexibilización de los controles, o la autorización de entrada a los casinos de ludópatas reconocidos legalmente como tales.

Es decir, que a cambio de 150.000 puestos de trabajo, que son muchos, por supuesto, nos carguemos el Estado de Derecho, lo que queda del de Bienestar y, de paso, la misma tabla de derechos fundamentales de las personas.

Eurovegas es una gran mentira, es ese Mister Marshall que antaño pasó de largo por nuestro país y que esta vez, si se queda, es a cambio de que dinamitemos el último ápice de dignidad que nos quede.

Sheldon Adelson, en el fondo, hace bien. Puestos a pedir podría exigir incluso que le cambien el nombre a la Madrid o Cataluña para ajustarlo más al gusto norteamericano. El problema no es lo que él solicita, el problema es que parece que estamos dispuestos a dárselo.