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Me parece inconcebible que en un país con los problemas que tiene España, la agenda de la comunicación social venga determinada por la existencia de unas fotografías tomadas hace casi 20 años. Raya lo absurdo que el sr. Feijóo tenga que explicar públicamente con quién navegó en un barco o a qué montaña nevada acudió cuando era un joven de 30 años y ocupaba un cargo subalterno en la Administración. Da la sensación que en ausencia de un nuevo “Prestige” o un fallido incendio en las Fragas del Eume, la izquierda gallega acude a este tipo de descalificaciones ante la propia incompetencia de sus propios dirigentes. Los socialistas, si realmente quieren enamorar al electorado, deben encontrar a un líder de verdad que se acompañe de un cuadro de jóvenes dirigentes que sean capaces de elaborar un discurso programático creíble alejado de la radicalidad de los vecinos de su izquierda. Y a estos últimos les diría que abandonen debates estériles que únicamente provocan su desunión. Mientras tanto, Feijóo seguirá barriéndolos elección tras elección. La última hace apenas cinco meses y en plena crisis. La trayectoria personal, profesional y política de Alberto Núñez Feijóo no se merece este tipo de ataques. Una vez más el diario “El País”, al más puro estilo Pravda madrileño, vuelve a convertirse en un agente electoral del PSOE, olvidándose que la primera labor de un periódico es informar con objetividad. Da lo mismo que el sr. Feijóo, bien de forma directa o indirecta, no le hubiese adjudicado una obra o suministro público a las empresas del puntual compañero de ocio. Da lo mismo; pues lo que en realidad se busca es destruir la honorabilidad de un político que ya es el preferido de los españoles según todas las encuestas. Sin embargo tengo la impresión que este aparente tropiezo de Don Alberto le va a reforzar, si cabe, todavía más. Por lo pronto, el mismo día de la publicación convocó una rueda de prensa abierta explicando su proceder, algo inusual en la política española. A mayores, anunció que acudirá al Parlamento para contestar a “sus señorías” de la izquierda. Esta última decisión me parece exagerada, no se lo merecen.