UN POCO DE RESPETO
Vivimos la era de la máxi-ma comunicación social. Al fin “todos pueden ha-blar a todos” a través de las redes in-formáticas. Los medios e instrumen-tos son formidables, la libertad es un hecho, pero los mensajes, los contenidos, en ocasiones dejan mu-cho que desear. No sólo cuando in-sultan o difaman, sino cuando se emplean manipulando el significa-do, o como simples elementos de propaganda.Los más inocentes e incautos de-ben tener cuidado porque la libertad de expresión, y el poder de expresar-se por facebook, twitter, youtube, o lo que sea, no siempre es informa-ción aprovechable, o simplemente no es “trigo limpio”. Más de un lec-tor pensará que me refiero a jóvenes impetuosos, vehementes y desboca-dos, no sólo, también se dedican a hacer propaganda y tergiversar mu-chos políticos que, le dan la vuelta a la frase y transforman lo que era un reproche, contra ellos, en una ala-banza, o, simplemente afirman “No-sotros estamos haciendo las cosas muy bien, antes , las hicimos, bien”, cuando hay un susurro generaliza-do contra “imposiciones gubernati-vas” humillantes, p.e. la Ley morda-za. Cada día nuestra indignación crece al escuchar “chascarrillos”, ya que no son argumentos seriamente fundamentados, sobre las maravi-llas conseguidas por el Gobierno en el momento actual: la crisis está desapareciendo, el empleo crece, los salarios se incrementan, el servicio sanitario mejora, los apoyos sociales progresan, etc. etc. A mí me hace re-cordar aquel hijo de un amigo que llegó a casa encantado porque en el campeonato local de waterpolo ha-bían quedado de segundos, lo peor fue cuando alguien le preguntó cuántos equipos habían participado, dos. Las frases incompletas, las explicaciones parciales, la falta de con-textualización, el empleo de térmi-nos polisémicos, con varios significados que dejan el valor de la frase en el aire, puede llegar a decir lo contrario de lo que es la verdad.A lo anterior sumen el ansia de condenar a los que nos “hacen som-bra” o pueden ganarnos, p.e. la se-ñora Esperanza Aguirre, señalando como lo más tremendo que ha ocu-rrido los últimos días, la “corrup-ción” en el partido político Podemos, han cobrado 4.500 euros en negro, disfrutan una beca de investigación sin cumplir con las fechas de entre-ga de los trabajos exigidos, etc., etc. Con estos gravísimos problemas pueden pasar media hora. ¿Y qué me dice señora Aguirre de los tres mil millones que deben las eléctricas a los consumidores españoles?, ¿quién se está desviviendo por co-brar tamaña deuda?, ¿cuántos artí-culos ha publicado para denunciar la sangría?, ¿dónde ha dado mítines para desvelar el robo?. Si perdemos el tiempo y los es-fuerzos para hundir a quien no ha rendido cuentas al fisco por 4.500 euros, o 10.000, que poco resuelven al país, pero no intentamos por to-dos los medios posibles recuperar 3.000 millones, es que hemos perdi-do la cabeza o somos unos cínicos. Lo que me extraña es que entre sus oyentes no haya uno que le haga este mismo reproche, que le pida, por favor, que denuncie lo impor-tante, los cientos y miles de millones de euros que se han sacado de forma clandestina a paraísos fiscales. Los cientos y miles de millones en euros o dólares, que se han desviado a cuentas privadas. Esos, esos sí que son sumamente importantes, por-que recuperarlos servirían para dar trabajo, ayudar a los hipotecados, recuperar las ayudas a los depen-dientes, en fin dar calor y alimentos a tantas familias que estas navidades algo comerán, gracias al banco de alimentos. Cuando un po-lítico, se llame como se llame, empiece a contar-nos cómo ha con-seguido que de-volviera el dinero fulano o mengano, cuando nos explique lo que hay que hacer para llevar a los tribunales a los grandes corruptos, entonces de-bemos de escucharlo, lo demás es “desviar la atención” y tratar de con-vertir una anécdota en categoría, dejando en la sombra a muchos co-nocidos y decenas de amigos que han hecho graves tropelías, las cua-les no suelen ser objeto de sus críti-cas. Cuando en este país no se podía hablar de los jefecillos que robaban descaradamente, que nos hiciesen comulgar con piedras de molino, podía pasar, pero que en los momen-tos actuales, cuando por poco que se escarbe encontramos un filón de co-rruptos de guante blanco, no vengan a asustarnos con nimiedades. Los oyentes no son tontos, los lectores están muy enterados, los ra-dioescuchas, televidentes o twitte-ros, saben mucho, dirigirse a ellos como si fueran niños de primaria, les hace quedar como payasos de poca monta.Por otra parte, está muy bien que se conozcan esos “desvíos”, más de carácter ético que económico. De-seamos que los futuros gobernantes no sientan pasión, que les domine, por el dinero. Aquello de “cree mu-cho y peca más” ya no lo aceptamos; arrepiéntete y no vuelvas a hacerlo. Queremos un cambio, pero respal-dado por la ética, el humanismo y la generosidad. Hemos quedado en que “los ataremos corto” y les man-tendremos en una auditoría constante.
