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Sobre el enorme mérito y pasión que supone editar un libro de poemas en estos tiempos. Ya hay que creer en la palabra y en el hombre para llevar a buen puerto un libro como el que se presentó en el Ateneo el pasado once de diciembre. El libro en cuestión es “Escolma Salvaxe, Ferrol 2007-2013” al que le sigue un subtítulo “Seis años de poesía salvaxe”; la edición a cargo de Marcos Lorenzo, Juan Carlos Valle “Karlotti” y Guillermo Ferrández, reúne a los poetas que fueron cayendo a lo largo de estos años por esta ciudad, sorprendiéndonos en cada esquina o en cada plaza destruida por la dejadez de los años, con versos que ahora ya serán inmortales en las páginas de este libro. Ya nadie podrá decir que aquello no sucedió y según prometen los apasionados inventores de palabras seguirá sucediendo; seguirán diciéndonos cómo habla el otro mundo, el que no tiene cabida en lo oficial. Como el propio verso de Tomás Segovia que cierra el libro “Ser de intemperie”, dice: “Nacido en los caminos, su destello es saber que todos han venido sin saberlo de otro sitio, que donde ponen su origen es allá donde empieza su ignorancia, que se hermanan de otro modo que el que creen”.
El libro se atreve a compartir su ignorancia, su música con todos nosotros abrazando la intemperie. Se creó y se gestó en Ferrol  como un reto a los tiempos mediocres que corren, y todos nos debemos sentir partícipes de ese alumbramiento, porque a todos nos ha caído alguna caricia, algún abrazo, alguna palabra, alguna alegría compartida. Podemos traducir a la poesía lo que decía Novalis de la filosofía: “la filosofía es la necesidad de sentirnos en todas partes en casa”. Es por eso que tenemos que agradecer a los autores del libro el procurarnos una casa de la que estamos faltos en una ciudad que cada vez más se parece a un campamento hecho de tablas y uralita. Una ciudad ahora llena de 44 casas hechas de palabras que para siempre se quedarán con nosotros.
Y para acabar, qué menos que escuchar a otro poeta: “La casa tiene unos muros muy gruesos porque los inviernos son fríos. En el marco de la ventana, casi junto a los cristales, hay colgado un espejo de afeitar. Ahora, cuando levanto la vista, veo reflejado en el cristal un ramito de lilas…”. (J.Berger). Gracias.