HECHOS Y DERECHOS
Los derechos se tornan a día de hoy en hermosa fronda extraviada en la crudeza de un otoño social que a todos concierne. Como hojas, como esas hermosas hojas que languidecen por el suelo, así, ellos. Carne de nuestra carne, aliento de nuestro aliento, mentira de la mentira para la que fueron pensados y peleados. Nuestra peor baba de la mejor baba. Nuestra herencia de cara al futuro. Nuestra utopía sin retorno. Nuestro alimento enlatado sin fecha de caducidad. Nuestra suerte para una vida que no cabe que sea universal.
Nuestra esperanza, en definitiva, la del obrero y la del patrono, ya no viste a ninguno de los dos. Tendremos que volver a luchar por ellos, dicen unos, tendremos que desbordarlos, anuncian los otros, sin querer entender que esta Europa nuestra ya no es la magnífica granja en la que se criaban a cuerpo de rey legiones de hombres y mujeres concebidos al solo objeto de consumir hasta la extenuación en beneficio del sistema, y a expensas del tercer mundo.
De nada vale cavar trincheras, arrojar piedras, levantar muros, unos somos los otros y de esa manera ha de ser comprendido para llegar al convencimiento de que la relación entre el obrero y el patrono se ha de reinventar sobre las bases de un elemental sentido de mutuo respeto y justa redistribución, y debemos hacerlo así porque únicamente fortaleciendo esa nueva relación seremos capaces de ser productivos productores en estos tiempos en los que ya no cabe ser de manera exclusiva consumidores.
