DIMISIÓN EN LA CÁMARA DE COMERCIO
No se veía tal vez venir, pero era lo esperado. La renuncia de Xoán Gato y la posterior renovación de la junta directiva de la Cámara de Comercio de Ferrol no han servido para recuperar la actividad de un organismo hasta hace bien poco indispensable en esta comarca, con una actividad creciente que se ha visto incapaz de mantener ante la desaparición de las cuotas obligatorias y la ausencia de ingresos que permitiesen su viabilidad. De la “pujante” Cámara de la década anterior se ha pasado a una entidad ahogada en su propia gestión, sin recursos que garanticen la plena representación de las empresas y autónomos y sin capacidad de reacción ante crisis como la de FIMO. No falta quien, cada vez más en alto, descalifica la propia existencia de este tipo de organismos. Ahí están las sugerencias para que solo existan dos en toda Galicia, aquellas que son rentables exclusivamente a través de sus propios recursos. La dimisión de sus representantes no hará posiblemente otra cosa que acelerar precisamente ese proceso si la Xunta, como elemento tutelar de las Cámaras, no aborda la creación inmediata de una gestora y la recuperación de las funciones y prestaciones de una entidad en la que incluso varios de los vocales que todavía permanecían nombrados ni tan siquiera acudían a la sede desde hace meses. Los hechos son lamentables por lo que significan para esta comarca, ni más ni menos que otra muestra más de la incapacidad impuesta para salir adelante por nuestro propio pie.
