Fragata “Extremadura”
Hace unos quince días acudí, en mi condición de vocal de la Asociación de Veteranos de la Armada y como simple invitado, a la reunión del patronato de la “Fundación Fragata Extremadura” que tuvo lugar en la sede de la Escuela Técnica Superior de Náutica de Santander. Entre otros patronos a título particular, allí acudieron representantes del gobierno de Cantabria y del Ayuntamiento, siendo presidida la reunión por el presidente de la entidad, el almirante Rapallo Comendador. El motivo del cónclave era conocer el resultado del informe de viabilidad que la Universidad de Cantabria elaboró a petición de los citados estamentos públicos, que querían que un organismo independiente realizara antes de concretar si seguían adelante o no con el proyecto. Para sorpresa de todos, dicho informe era más optimista del que en su día realizaron mis compañeros economistas de la Asociación de Veteranos. De hecho, para poner en marcha el proyecto, sólo se necesitaban unos 90.000 euros, siempre y cuando el Banco de Santander nos concediera un préstamo por un importe de 900.000 que con un interés razonable serían devueltos en un plazo de diez años. Esta última cantidad es la estimada para habilitar el buque. A la vista de las frías cifras, el proyecto es del todo punto factible, pero lo más curioso de la reunión es la cara que se les quedó a dichos representantes de la ciudadanía, pues en vez de estar alegres por el resultado positivo que arrojaba dicho informe que posibilitaría, por poner un ejemplo, la creación de puestos de trabajos directos e indirectos, el semblante de aquellos permaneció serio y sombrío. Si nunca creyeron en el proyecto ¿por qué no lo dicen? Sencillo, al hacerlo tendrán que justificar su postura ante una sociedad santanderina volcada con la Armada y con la idea de poder disfrutar en su puerto de un buque, en su momento puntero, de nuestra Marina. Como escribí hace poco más de un mes en un artículo en el “Diario Montañés”, para que un proyecto de estas características se haga realidad, se necesita, básicamente, voluntad… ¿existe realmente ese ánimo en las autoridades políticas de Cantabria? Pronto lo sabremos.
