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Los muertos nos adelantan, vamos sumando pero parece que no nos llegan las matemáticas del cole. Los muertos se restan en ausencias, en ausencias que están embarazadas de dolor. Ya parece que vamos por mil y cuarenta y un soldados israelíes. Pero estos son soldados que decidieron verle la cara a la muerte y los entrenaron para ello. La mayoría de los otros, los palestinos, solo vivían para evitar que los matasen; algunos solo cenando, solo de una familia dieciocho. Los muertos no tienen metáforas. A la hora de publicar esto puede haber mil doscientos, aunque estemos de vacaciones. A lo mejor este es el objetivo, que en verano parezcan menos. No los doy alcanzado. En el medio de estos muertos cayeron dos aviones; unos se convirtieron en granos de arena, otros ni siquiera llegaron a descansar, se quedaron como ángeles. A veces la muerte es un despilfarro, un derroche. “Comemos en las tapas de los ataúdes”. Ahora  una madre busca a su niño entre las ruinas, en una pequeña tregua, entre las ruinas de la ruina, para ver si todavía lo puede abrazar.