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ASantiago se iba tradicionalmente a la Universidad y al médico. Si había suerte y la cita con el doctor era un jueves, se conocía la auténtica Compostela: los bares del Franco llenos, al reclamo de los callos, de estudiantes y los tratantes de ganado que habían acudido a la feria, y por la calle, paseando cogidas del brazo, las Marías.
Ahora se va más a Santiago en busca de una subvención. La auténtica Compostela ya es otra; los callos se compran cualquier día en el súper, los tratantes de ganado ni pisan la ciudad y las Marías han fallecido, así que no vale la pena ir al Franco.
La actual Compostela auténtica es peligrosa, es la que se vive en las reuniones de empresarios y en los despachos del ayuntamiento, donde se sueña únicamente con succionar. Por ahora los planes se centran en arrebatar vuelos especialmente a Alvedro, pero todo se andará.
Por ejemplo, la Torre de Hércules quedaría de maravilla en el centro de la plaza del Obradoiro para guiar con sus destellos a los peregrinos en el tramo final del Camino. Aunque tampoco iría mal en Lavacolla, como ayuda para el aterrizaje de los aviones durante los días de niebla, que, aunque parezca mentira, también los hay, y muchos, en una ciudad perfecta.
Que lo sería más si a su potente sector industrial se sumase una empresa que sea número uno mundial en su sector. El peligro se cierne, pues, sobre Inditex; sus resultados económicos serían todavía mejores si estuviese asentada en el polígono del Tambre. ¡Anda que no hay diferencia entre una camiseta diseñada bajo la inspiración del Apóstol o la de María Pita!
Un banco o una caja sólidos no estaría mal, pero en A Coruña ya no hay de eso; un equipo de fútbol de primer nivel, tampoco; pero, ¿y el mar? Esa opción parece interesante y más si es con puerto interior, puerto exterior y paseo marítimo.
La ingeniería moderna permite ejecutar obras que hace años eran inasumibles. Si con medios más rudimentarios se hizo el canal de Pánama, qué no será posible en la actualidad. Y además así se abre una vía de escape alternativa para tantos políticos santiagueses que igual tienen que darse el piro de repente para librarse de la amenaza de la justicia, que no es una broma y sobre todo estando el Tribunal Superior en A Coruña.