Distanciados de la realidad
Se dice que las relaciones entre los estados deben estar guiadas por el interés mutuo, sin embargo, con demasiada frecuencia dicho interés nos es tan “mutuo”, ni siquiera justo. Las relaciones dentro de la UE no son precisamente entre iguales, aunque lo puedan parecer. En Bruselas se ríen, se dan la mano efusivamente, incluso palmaditas en el hombro, pero todas esas “afectividades” corporales forman parte de un gran sainete. La realidad es otra muy distinta.
Las reuniones en la capital belga son el súmmum del fariseísmo. Allí la doble moral, incluso la mezquindad está a la orden del día, interpretan la política según los intereses del momento.
Obviamente, primando siempre los intereses de los grandes, siendo el cinismo una práctica habitual en todas las declaraciones oficiales. Prueba de ello es cuando acusan a Moscú de utilizar la energía como chantaje, lo cual no deja de ser una acusación llena de cinismo, puesto que la UE utiliza el chantaje económico continuamente para doblegar a otros países. Tenemos ejemplos de chantaje –en Bruselas le llaman “presiones”– contra Rumanía, Bulgaria, Hungría, sin mencionar lo que hicieron con Grecia.
En Bruselas tratan a los ciudadanos como si fuéramos vasallos, de otro modo no se entenderían algunas de sus políticas comunitarias. Por otro lado, lejos de disminuir, el aparato burocrático sigue creciendo, ejemplo de ello es el servicio exterior de la UE.
A día de hoy no sabemos para qué sirve el departamento que encabeza la señora Catherine Ashton, si es que realmente sirve para algo. Miles de funcionarios –pagados con el dinero de todos– trabajan para un “servicio exterior” europeo que no se sabe bien cuál es su verdadera misión, puesto que cada país sigue manteniendo sus propias embajadas y consulados (¡esto sí es duplicidad!).
A estas alturas ya nadie cree que exista una verdadera política exterior europea, quizá nunca existió. Uno tiene la sensación que el departamento que dirige la señora Ashton se dedica a intentar gestionar ciertas “crisis” geopolíticas motivadas, lo cual hace que la política exterior comunitaria se convierta en una cosa bufa o esperpéntica.
En Bruselas parecen dedicarse a subvencionar –con el dinero de todos, claro– a los grupos pro-europeístas para que armen la marimorena en el espacio postsoviético. Es preocupante que todas esas decisiones, que además implican grandes responsabilidades económicas para la UE, se hagan a espaldas de los ciudadanos; en todas ellas existe una opacidad absoluta. La UE se mueve en medio de unas contradicciones que difícilmente puedan sostenerse en el tiempo. Son hechos que están ahí.
Hace unos días Angela Merkel le dijo a David Camerún que las amenazas no forman parte del espíritu europeo, debido a que el inglés advirtió con abandonar la UE si el señor Jean-Claude Juncker se convertía en el próximo presidente de la Comisión Europea.
Tal comentario por parte de la Canciller alemana nos parece una tomadura, más que nada un insulto a la inteligencia, puesto que ella misma es la que dicta la política a seguir en toda la eurozona; todo el mundo conoce sus presiones y su política de doble rasero. Así que, sus palabras suenan a cinismo.
Bruselas se aleja cada día más de Europa y de los europeos, tal parece que su único objetivo es mantener a una tropa de políticos bien remunerada, para que defiendan con firmeza a los banqueros y a las multinacionales. Los parlamentarios son parte de esa tropa, sus altos salarios y sus prerrogativas los convierten en unos privilegiados.
Su último despropósito fue el fondo de pensiones, la Sicav europea. Ahora el Parlamento Europeo se defiende diciendo que es legal (¡faltaría más!), lo cual nadie pone en duda. Sin embargo, aun siendo legal no por ello deja de ser una inmoralidad. El escándalo se destapó ahora, pero el fondo lleva funcionando desde 1990.
Los desatinos y despropósitos que están sucediéndose en la UE inducen a la decepción y al desencanto. Sin duda, los políticos han perdido definitivamente la brújula, lo cual hace que se distancien de la realidad.
