¡Gracias!
Como todos sabemos, el bueno de don Quijote era y se creía un caballero andante, entre cuyos cometidos estaba ayudar a quien lo necesitase y, sobre todo, a los más desfavorecidos. Como efectivamente andaba de un sitio para otro no le faltaban ocasiones para ejercer tan noble propósito, siempre en honor de su amada Dulcinea, aunque su confusión mentalno le permitiese distinguir bien la gravedad y el alcance de las situaciones.
No cabe duda de que estar dispuesto a ayudar a los demás es uno de los rasgos más nobles del ser humano. Se trata de esa disponibilidad desinteresada y gratuita que suele ir implícita en la maternidad y el la paternidad, pero que en determinados momentos se extiende de manera natural entre todos los seres humanos, cualquiera que sea su procedencia o relación.
Las ocasiones de ayudar a los demás no faltan en la vida diaria, recuerdo con especial agradecimiento la que me prestó una persona joven la última vez que sufrí un pinchazo en el coche. Después he tenido ocasión de hacer yo lo mismo, con el agravante de que fue bajo la lluvia y con mis limitadas fuerzas físicas. Otras veces he recibido auxilio en situaciones mucho más trágicas, como cuando me ayudaron a salir de la corriente que me arrastraba en una playa.
Sea como fuese, tanto al ayudar como al ser ayudado, el sentimiento viene a ser el mismo: agradecimiento. Por una parte agradecer al que nos ayuda, por otra el poder haberlo hecho. Y es que no cabe duda de que es en estas ocasiones, y otras mucho más importantes, en las que se manifiesta lo mejor de nosotros mismos.
Según parece el mencionado don Quijote lo que quería era que su amada Dulcinea supiese que él era una buena persona, con fama de valedor y justiciero, en definitiva un caballero. Pero en este aspecto tenemos que apartarnos de su desvarío, pues la verdadera solidaridad es anónima y desinteresada.
Acabamos de tener ocasión de saber cómo es y debe ser esa ayuda solidaria cuando se necesita: sin otros planteamientos que los de la pura humanidad, un grupo de personas se enfrentaron a la tragedia y a la muerte. Supongo que la mayor parte hubiéramos hecho lo mismo en su lugar, pero ellos lo hicieron y su recompensa inmediata ha de ser el agradecimiento de todos. Estoy seguro de que no esperan nada más, se conforman con la conciencia de haber hecho lo que debían, como ocurrió también con todos los profesionales que acudieron al lugar del suceso a cumplir con su deber. Son comportamientos que resaltan en medio de la tragedia, pero que sin duda responden a actitudes básicas, ejercitadas cada día a favor de los demás, sin llamar la atención y sin alharacas. Por eso cada día soy más partidario de dar las gracias por cualquier motivo y más en casos como estos.
