Inmortales
Desde siempre la inmortalidad ha sido una de las grandes aspiraciones de los hombres, eso de morir y desaparecer dejando,por lo menos en la mayoría de los casos, apenas un recuerdo temporal, llamado a desaparecer en un par de generaciones,y a veces ni eso, es bastante frustrante. A pesar de lo que opinaba Diderot, ni siquiera la fama imperecedera significa inmortalidad, pues no la vive quien la generó sino quienes hacen memoria de ella como de cosa pasada y fenecida. Así que inmortalidad o es resurrección en otra vida después de esta o no existe, pues la experiencia de la muerte física no parece que vaya a ser fácilmente superada por nadie.
El progreso científico, que ha contribuido a alargar de forma muy significativa nuestras esperanzas de vida, hace tiempo que dejó de creer, si es que alguna vez lo hizo seriamente, en la posibilidad de conseguir una solución definitiva que evite la muerte de los seres humanos. Es más, de la euforia científica pasamos a lo que hoy se llama, de forma bastante eufemística, una muerte digna; es decir poner fin a una vida para evitar o paliar los sufrimientos que, en más de una ocasión, ha provocado la misma lucha denodada contra lo inevitable.
Es cierto que, por lo menos últimamente, el posible fracaso del progreso científico frente a la muerte se ha visto en parte paliado por otro progreso, el técnico. Primero fue la famosa criogénesis o congelación a la espera de que la ciencia diera con la solución al tema y pudiera resucitar a los que habían sido así conservados. Últimamente hay quien, visto que la ciencia no acaba de dar hecho, y parece que la cosa va para largo, decide buscar una solución más inmediata en la propia técnica, como sería la creación de virtually human, algo así como unos “clones mentales” de quien se lo pudiera pagar, que mantendrían la mente originaria viva sin fecha de caducidad.
Ante planteamientos semejantes, sontenidos por gentes aparentemente inteligentes e incluso de prestigio, uno no sabe si reaccionar con sorna o con compasión. En todo caso, y respetando todas las ilusiones que alguien se pueda hacer al respecto, incluso invirtiendo en ello ingentes cantidades de dinero,se trata de pura ciencia o, en este caso, técnica-ficción, con posibles resultados que nuestros ojos de humildes mortales no llegarán a ver.
Resulta desde luego difícil creer que un clon pensante y robótico, por muy perfecto que sea, mantenga vivo a modo de alma a un ser humano clonado y sujeto al deterioro irreversible y a la enfermedad. Puestos a recorrer caminos tan inciertos hacia la inmortalidad, casi resulta más fácil pensar en una resurrección física y mental, acordes con la fe y con el propio pensamiento humano, desde la época socrática.
