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En el Rosalía, medio aforo, la compañía Airapro presentó el espectáculo “Hai POD”, bajo cuyas iniciales figuran los humoristas Pepe Suevos, Oswaldo Digón y David Amor. La evolución tecnológica usada como hilo argumental. Humor sui géneris utilizado para espectadores ad hoc.

Texto ideado, escrito y protagonizado en la nueva aventura emprendida desde tascas, bares y tabernas hasta la alfombra roja del recinto teatral para hincar la bandera del éxito.

Más de lo mismo. Con marketing diferente donde el baile, lo humano crítico y la técnica ensambla personajes provocadores. La paradoja viene servida en que analizando los fallos de la técnica caen en errores de comunicación por cuanto se escuchan muchos barridos, se pierden palabras y los micrófonos multiplican ruidos.

Incluso en las proyecciones –cortinas de pausas escénicas– el sonido no es nítido. También ordinariez, humor tabernario y coloquial. Tópicos y reiteraciones. ¡Allá ellos! Lástima, sin embargo, que con eso cierran puertas a un público que disfrutaría el buen hacer de tan magníficos artistas. Sin olvidar, por otro lado, la tentación de fustigar creencias –se sea ateo, agnóstico o medio pensionista– que no vienen a cuento y sí hieren sensibilidades.

Porque en las actuaciones de tan singulares histriones palpita la fenomenología de Hegel –dialéctica del espíritu– y la de Huseerl como método descriptivo, fundado en la intuición.

En su deriva los actores confunden la expulsión del carácter antiguo por otro nuevo, cuando en realidad sus cuerpos y espíritus subyacen y siguen siendo los mismos. Y es que hay algo más que un vigoroso pene, un buen polvo o unas firmes tetas en el mundo que nos ha tocado vivir…