LIBERTAD Y DIGNIDAD PARA LAS MUJERES
El secretario general de la ONU comentó –como es su obligación–, hace escasas semanas, que “la igualdad de las mujeres y las niñas constituyen también un imperativo económico y social. Hasta que no se logre liberar a las mujeres y las niñas de la pobreza y la injusticia, todos nuestros objetivos –la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible– correrán peligro”.
Mientras tanto quedan gobernantes que se atreven a decir públicamente cantidad de estupideces, entre ellas que “las mujeres deben ocultarse sus cabellos porque ejercen atracción erótica sobre los hombres”. Conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y en pleno siglo XXI, alrededor de 500.000 mujeres fueron vendidas, hace poco tiempo, en los países de la Unión Europea y obligadas a ejercer la prostitución, en una situación de semiesclavitud. Para la Unesco el problema del tráfico de mujeres y la prostitución sigue siendo “un problema de consumo europeo” en el que las mujeres del tercer mundo son las víctimas principales.
A pesar de que la igualdad de trato entre hombres y mujeres fue uno de los principios fundacionales de la UE en 1957, más de medio siglo después la propia UE tiene que considerar expresamente inaceptable la violencia contra las mujeres y niñas que sufren agresiones o explotación. Se reconoce que son víctimas de la violencia doméstica o de abusos sexuales, de la trata y de la prostitución forzosa, o de la intimidación y la opresión, lo que supone vulnerar sus derechos fundamentales a la libertad, dignidad y seguridad. Desgraciadamente queda mucho camino que recorrer.
