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Tras semanas de noticias tan repugnantes como escalofriantes que nos debatían entre la ira y la depresión y la indignación y la vergüenza, conmocionados ante la avaricia sin límite de una verdadera banda de auténticos chorizos estirados, prepotentes y desalmados, el desenlace aún no se ve venir. Después de sentirnos ridículos hasta la saciedad, perplejos y pasmados ante la inmensa desvergüenza de un Presidente que solo fue capaz de comparecer en formato de caja tonta y sin preguntas, la traca final todavía es insondable. Sobrepasados y sobrecogidos por tanto sobre, tantas cuentas en paraísos fiscales de tanto españolísimo y tanta contabilidad en negro que dejaría blanco hasta al mismísimo Urdangarín, ya tendrían que ser imposibles más sorpresas. Pero luego de que la justicia sospeche que toda una veintena de imputados en la trama Gürtel podrían haberse acogido y beneficiado de lo que entonces se estaría revelando como una vomitiva autoamnistía fiscal, a la justa medida de esa delincuencia económica de cuello y guante blanco que parecería ligada a la financiación de ese PP que, de ser así, resulta que detestaría todo lo público salvo para brindar tratos de favor y regalar pelotazos en su gestión a cambio de suculentas donaciones, aún llegarían más nuevas capaces de avergonzarnos todavía más si cabe. Y es que al PP, tras acreditar que le preocupan mucho más los bancos que las personas, aún le quedaba por demostrar que también le preocupan mucho más los toros que los desahuciados. Porque tras rechazar de nuevo la dación en pago, el PP no encontró nada mejor que convertir ese terrible monumento al tormento animal que son los toros en un bien de interés cultural. Como muy bien me comentó un amigo, la política popular de Podredumbre y Pandereta podría resumirse perfectamente “en una verónica a la dación en pago, en un pase de pecho mirando al tendido para la banca y la Gürtel y en una estocada a los trabajadores, estudiantes, mujeres, pensionistas, enfermos y dependientes”. Y mientras Rajoy y Bárcenas vuelven al “olé” y Cospedal y Mato a la “mantilla”, el Papa va y dimite. Menuda lección. Magistral. Aunque por desgracia no sólo para el PP.