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Unos se quitan la chaqueta, otros se aflojan la corbata, los de más allá directamente se han de-  sabrochado varios botones de la camisa y se sientan sin resuello en los sillones y butacas de la oficina, circulan botellas de agua, clínex y abanicos por todas partes.
En el rostro de todos ellos se aprecian las huellas del sofocón, el sudor que recorre sus mejillas y sus manos.
Están al borde de la extenuación. Parece como si quisieran desaparecer de allí, colocarse un bañador, unas chanclas y perderse en algún lugar solitario donde relajarse, tomar algo fresquito y descansar por fin, pero antes de eso queda un largo trecho aun teniendo que soportar esa sensación de ahogo, de falta de aire, ese ambiente hediondo, irrespirable, cargado, muy cargado.
Y es que no me digan que estos días no está haciendo un bochorno insoportable... en la calle Génova!