Machismo y juventud
Llevamos unas semanas en la que se multiplican los crímenes por violencia de género entre gente joven, sea en A Pobra do Caramiñal, Vigo o Santiago, constatando el aumento en esas edades con el menor número de muertes, en lo que va de año, cuarenta y tres, desde que se inician las estadísticas en 2003 y un aumento de las denuncias de mujeres que, por fin, comienzan a perder el miedo, traspasándoselo a los maltratadores. Además, la juventud incorpora un elemento nuevo, la dominación psicológica a sus parejas usando las nuevas tecnologías.
Tenemos que buscar alternativas a esta situación. Y las hay, siempre que nos comprometamos acabar con esta lacra mediante actuaciones coordinadas en los ámbitos familiar, escolar, laboral y social sin olvidar que lo más efectivo es la educación, para lo que es necesario analizar y enfocar adecuadamente el problema.
Los hechos muestran que sufrimos un fracaso en la educación de nuestros jóvenes que pide a gritos un cambio de orientación en el comportamiento de la sociedad en su conjunto.
Sin ir más lejos, reflexionemos tres espacios en los que podemos actuar inmediatamente. Primero, a la vez que las perspectivas de futuro para la juventud son desalentadoras los introducimos en un mundo de consumo desenfrenado. Segundo, la permisibilidad social del sábado de botellón en todos los pueblos y ciudades, nutrido de niños y niñas hasta altas hora de la madrugada. Y tercero, el entorno del fútbol. Los que seguimos las diferentes ligas asistimos perplejos al comportamiento y lenguaje machista, a la vez que soez, de jugadores, entrenadores y, lo que es más grave, de los medios de comunicación audiovisual que dan cobertura a los eventos deportivos.
Por tanto, atajemos el consumismo con una política urbanística que limite la creación de más templos de consumo, los centros comerciales. Cortemos la diversión de alcohol los fines de semana fomentando el ocio alternativo. Basta recordar el éxito del programa Ardora del Concello de Ferrol. Con respecto al fútbol, consigamos un compromiso de sus actores y medios de comunicación para modificar lenguaje y actitudes.
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