El sueño olvidado
Dorado y las cajas van a acabar teniendo su mérito. Entre uno y otras han logrado que los nacionalistas se olvidasen de la reforma del Estatuto, el mantra de sus plegarias para alcanzar la Galicia ideal, la tierra donde se escucha la voz de los rumorosos pinos en la costa verdescente bajo el rayo transparente de la plácida luz de la luna.
Los socialistas se apearon hace tiempo de ese carro. El touriñismo los mantuvo ahí, agarrados a un varal, pero no les quedaba otro remedio. Era la época en la iban de la mano con el “muchacho” que sucedió a Beiras y no era cuestión de bajarse en marcha. Incluso durante la hégira de Pachi siguieron durante una temporada impulsados por la inercia que llevaban y que solo frenó el fragor de las luchas fratricidas.
El caso es que ya entrado julio y, por lo tanto, con el Día da Patria casi a la vuelta de la esquina, parece que una agujero negro se haya tragado los sueños reformistas. Es verdad que los nacionalistas no pueden estar a todo, pero ahora mismo se han dividido en tantos grupos que llama la atención que ninguno de ellos se acuerde de que la utopía está pendiente.
Si lo de Dorado y las cajas son dos asuntos casi prosaicos, qué se puede decir del tren, que también consume la mayor parte de su jornada laboral diaria. Ya se sabe que una buena conexión por vía férrea hace más libres a los pueblos. De hecho, los sucesivos gobiernos de la Unión Soviética se preocuparon de mejorar el Transiberiano para que los ciudadanos no olvidasen ni por un segundo que vivían en el paraíso de la libertad.
El nuevo Estatuto no sería la purga de Benito, pero casi. Con él, se resolvería el problema del tax lease. Europa carecería de valor para enfrentarse a Galicia, la renovada Galicia que habría asumido las competencias sobre los puertos y los aeropuertos; sobre el tráfico; donde se habrían suprimido las diputaciones; donde estarían prohibidas las corridas de toros; donde a los jóvenes a los que les gustase reventar cajeros automáticos haciendo estallar una “pota” a presión se les llamaría indignados...
Todo se ha ido al limbo por culpa de unas fotografías de hace unos cuantos veranos y de la muerte en pleno período de gestación de lo que iba a ser el banco central de Galicia. Por supuesto, el PP y el PSOE son los culpables de que falleciese el embrión.
No queda, pues, más remedio que esperar con resignación a que amarilleen las fotos y el Estado venda Novagalicia Banco; y mientras confiar en que todos los grupos que irán de fiesta a Santiago el 25 de julio encuentren una plaza axeitada a su número de fans sin tener que pagar una comisión al Ayuntamiento.
