DIGNIDAD EN EL TRABAJO
Dice la Constitución, tumbaburros de referencia para sacar en discusiones políticas de sobremesa, que todo español tiene el deber de trabajar y el derecho al trabajo.
Aunque siempre se cita como “un trabajo digno”, lo cierto es que el adjetivo no viene en la Carta Magna, probablemente porque el mero hecho de tener un empleo ayuda –y mucho– a mantener la dignidad.
Al menos eso es lo que ha dicho el papa Francisco, que está de gira por Italia, quien ha recordado que el meollo del paro no es no tener dinero para comer, que para eso está Cáritas; “el problema no es no poder llevar el pan a casa, es perder la dignidad”.
Quien no parece muy digno es el presunto benefactor Jason Buzi, el millonario que se dedica a regalar su dinero en ciudades de medio mundo.
El modus operandi consiste en meter billetes de 50 en sobres y dejarlos escondidos para que los pobres los encuentren, en un mal remake del Plácido de Berlanga.
Me pregunto qué pensará el papa de hacer el bien a los demás a cuentagotas y en forma de yincana.
Tengo una amiga que pasó más de dos años sin empleo y, tras reengancharse a la vida laboral, me decía: “Por fin, vuelvo a ser una persona y no una estadística”.
Lo que le preocupaba, además de cosas tan banales como no poder pagar la luz y el alquiler, era la pérdida de la condición de ser humano, el no ser alguien productivo para la sociedad, sino un número perdido entre esos 4,4 millones de no personas.
Algún empresario ha puesto en duda la cifra y hace bien, porque sé de uno al que borraron del paro tan pronto como dejó de cobrar la prestación, argumentando que no selló la tarjeta como había hecho en tiempo y forma las 24 veces anteriores, una rutina que, por desgracia, tenía muy bien aprendida.
Entre la palabra del funcionario y la suya, prevaleció la del señor tras el mostrador que extrañamente olvidó poner el cuño al papel, así que a partir de ese mes la estadística tuvo, como mínimo, una persona menos.
“Todos os días”. Así se llamaba la novela de Alberto Ramos, compañero del extinto “Xornal de Galicia”, uno de los muchos medios que cayó en la crisis, sobre su paso por el Inem.
Para un parado, todos los días son el mismo día, el día de levantarse y ponerse a buscar. ¿Trabajo? Eso es lo de menos, lo importante es encontrar algo de dignidad.
