MÁS, NAVANTIA, MÁS
Todo acto que suponga el inicio de una nueva construcción en los depauperados astilleros públicos ferrolanos es de obligada celebración teniendo en cuenta las circunstancias. De la constatación de la debilidad de Navantia a la hora de conseguir sin embargo contratos que garanticen la plena recuperación de la actividad es prueba más que suficiente el hecho de que el primer corte de chapa que se realiza para el Buque de Acción Marítima sea un acto interno, carente del protocolo de otras construcciones. Es evidente que, hasta hace escasos meses, en los momentos de la finalización de los trabajos en los buques construidos para la Armada australiana, el panorama era mucho más lamentable, pero también que ni el flotel que se ejecuta para la petrolera mexicana Pemex ni el Buque de Acción Marítima, del que ayer se cortó el primer acero, constituyen contenido suficiente para tan apesadumbrado continente como es el que abarcan unos astilleros capacitados para una mucho mayor ocupación. Para el conjunto de esta comarca, lo trascendental es disponer de trabajo. A la espera de que fructifiquen iniciativas como la de Iberdrola o Gestamp, la industria auxiliar malvive como en ningún otro momento. Navantia y el Gobierno central están obligados a más, mucho más.
