Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

En el Rosalía, organizada por The Gypey Note, SL, el argentino René Lavand ofreció dos representaciones –medio aforo– de su espectáculo “Lentidigitación”. Una mano mágica sobre la mesa escénica que proyecta, sobre amplia pantalla, sus inmensas habilidades. Ante una pareja –arrancada del público– que asiste asombrada al evento.

El cayado del viejo Homero contando mil historias griegas, las romanzas del ciego que ilustran mil plazas de los pueblos del mundo, el facebook “cuenta cuentos” que inunda nuestras conexiones de internet y tienen cabida en un escenario a telón alzado que se hace magia-potasa en el diálogo de una mano volando sin reposo.

Un laboratorio situado en el confín del mundo para articular la propiedad conmutativa de Pitágoras

Arte. Destreza. Rapidez. Pasmo. Un laboratorio situado en el confín del mundo para articular la propiedad conmutativa de Pitágoras: “El orden de los faroles no altera el alumbrado”. También la copla mediterránea cabalgando sobre olas hermosas. O la belleza sencilla para ocultar las piedras de un “trilero” que las escamotea instantáneas. Palabras, palabras, palabras.

Y silencios para rellenarlas mientras se cuentan anécdotas, sucesos y emociones. Con presencia, al foro oscuro y misterioso, del espíritu de Atahualpa Yupanqui en la bohemia parisina. Asimismo la evocación de Segismundo Freud y el mundo de la mentira verdadera postulado por Picasso. O la seguridad de que “no hay vinos malos –copa que acompaña toda la actuación del artista y de la que apura pequeños sorbos–, sino mejores…”.

Un ilusionista de “setenta y trece” años. Donde la música fluye por el escenario tras un aprendiz de brujo que nos deleita con sus correrías, dramatismo y sabroso humor. Esas maravillosas pinzas de unos dedos que juegan con los naipes al tiempo que Lope de Vega cuenta sus tribulaciones ante el soneto que le impone hacer Violante…