VIOLENCIA SIN BALÓN
Una semana después, todavía corren ríos de tinta por el asesinato de un ultra del Dépor en Madrid. La muerte ha removido los cimientos del fútbol, de los clubes y de la Liga, que han tenido que replantearse, todos a una, qué están haciendo mal para que los violentos utilicen los estadios y sus alrededores como ejercicio de catarsis colectiva. Hablan los expertos, los deportistas y los presidentes de los clubes; se piden dimisiones y se exige que rueden más cabezas que balones.
Mientras tanto, ayer hubo en España dos asesinatos nuevos, pero que no cunda el pánico, porque no fueron en las afueras de ningún estadio. Las víctimas eran dos mujeres, aunque no sabemos si eran de algún equipo o siquiera si les gustaba el fútbol. Murieron por causa de la violencia, pero no la que generan los movimientos ultras, sino la que se juega a puerta cerrada, la que algunos llaman paradójicamente doméstica. A manos de sus antiguas parejas, que nunca suelen estar lo suficientemente desesperados como para elegir el suicidio antes y no después.
Seguramente, más de uno de mis compañeros de deportes protestará y dirá que esto es un ejercicio de demagogia barata, que no se puede comparar y que son muertes muy diferentes. Y es verdad. Cualquiera que no haya pasado la última semana en un bunker es capaz de responder como si jugara en un concurso de la tele a la pregunta de cómo se llamaba el Riazor Blues que murió en Madrid. Pero nadie recordará los nombres de las dos mujeres que fueron asesinadas ayer en Paterna y en Valladolid, que no serán portada ni ocuparán las tertulias de los programas de mayor audiencia de radio y televisión.
Desde 2003, han muerto en España por violencia machista al menos 686 mujeres. El pasado 25 de noviembre, el día que se elige para llamar la atención sobre esta lacra y recordar que sigue siendo un grave problema, la cuenta de 2014 ascendía a 45 personas. Y, por desgracia, todavía no ha terminado el año.
Dicen los expertos que el problema es complejo y difícil de atajar, pero, desde luego, si examinamos la cantidad de información que le dedicamos, no nos preocupa de la misma forma. La diferencia es que, cuando hay fútbol, todos miramos hacia la tele. pero cuando se produce una muerte por una violencia sin balón, todos miramos hacia otro lado.
