10 de marzo
Hace 45 años, Daniel y Amador, comprometidos con la lucha por los derechos de los trabajadores, perdieron la vida a manos del abyecto régimen del momento. Su ejemplo y el de otros sirvió para construir todo un sistema de derechos laborales básicos, que en los 80 y 90 parecían consolidados irreversiblemente. Sin embargo, una sociedad aletargada, ahogada en la mediocridad general, especialmente la de miles de políticos sin otra trayectoria profesional que la pertenencia a un partido, que asume la corrupción con naturalidad, que se abraza al pasotismo, al todo gratis, a la ausencia de valores democráticos elementales, que vota a quienes les roban, a quienes aprueban leyes que protegen al poder, a los bancos, a las grandes empresas de seguros o a las eléctricas que abusan con descaro de los ciudadanos, ha permitido la pérdida más grave y drástica de derechos laborales que nunca se había vivido. Un paso atrás que significa trabajos precarios, sueldos bajos e inseguridad, y una terrible desmemoria que agravia a quienes como Daniel y Amador dieron lo mejor de sí mismos por el bien de todos.
