UNA CRISIS PROFUNDA
a crisis económica y financiera es una manifestación de la honda y profunda crisis que se ha instalado, sobre todo, en el llamado mundo desa-rrollado, en la misma cultu-ra occidental. El orden polí-tico, económico y social requiere de cambios de ca-lado, no leves retoques o reformas puntuales tal y como se viene practicando en estos años. En efecto, precisamos de relevantes transfor-maciones políticas si es que se pretende que la democracia sea el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Necesitamos cam-bios importantes en la economía si es es que se pretende que funcione con parámetros de racionalidad. Y por supuesto es menester que la sociedad y sus diferentes componentes al-cancen el protagonismo que se merecen. La economía precisa de un radical proceso de humanización. La solidaridad social, que dejó hace de tiempo de ser única y exclusiva-mente tarea del Estado, debe contemplarse desde otras posiciones evitando que el uso clientelar de la subvención termine por domar y aherrojar la voluntad de los ciudadanos. En España, la necesidad de los cambios es un cla-mor a voces. Muchas personas están indigna-das porque la crisis económica y financiera ha sido gestionada sin sensibilidad social, pasan-do la factura a las clases medias y a las perso-nas con escasos recursos. Los fondos públicos han rescatado a un sector financiero que toda-vía no sabemos cómo ha empleado los dineros públicos recibidos y que apenas concede cré-ditos a quienes más los precisan. La irrupción de un nuevo movimiento político que trata de canalizar el descontento ha terminado por agudizar la crisis profunda de las formaciones tradicionales, impotentes e incapaces para re-accionar con la frescura y renovación que exi-gen estos tiempos.En términos generales, la gente está des-contenta con el funcionamiento del sistema político. Mes a mes el CIS registra el despres-tigio de la clase política y la corrupción sube enteros continuamente. En Comunidades Au-tónomas y Entes locales, así como en el propio Estado, es imprescindible proceder a una ver-dadera reforma administrativa pensada en función de las personas, no de los intereses de tales o cuales colectivos. El modelo autonómi-co tiene la oportunidad de recuperar su lógica para convertirse de verdad en un sistema de gobierno adaptado a las singularidades del te-rritorio.Es mucha la responsabilidad de quienes pudiendo emprender las reformas que se pre-cisan prefieren atrincherarse en la estructura y en el cálculo en lugar de salir al ruedo a ha-blar y debatir con las personas. El inmovilis-mo de unos y los esquemas revolucionarios de otros nos están dejando huérfanos de ese es-pacio de moderación y cordura desde el que se puede iniciar la batería de reformas, tam-bién de la Constitución, que la centralidad del ser humano reclama para construir un nuevo orden político, económico y social más. Esa es la tarea.
