Adiós “Príncipe”
Este fin de semana me he despedido del que ha sido duarte 25 años el único portaaviones que tenía en servicio nuestra querida Armada. A pesar del tiempo transcurrido, y esta es una impresión personal, aún lo veo magnífico; maduro, pero capaz. Ha quedado atracado en uno de los muelles de Navantia con objeto de desmontarle los equipos y otros elementos que aún se puedan aprovechar. Para siempre quedarán las fotos que el navalista de nuestra ciudad, Xoan Porto, realizó en su última entrada en la ría, y que se pueden contemplar en su magnífica página web (www.revistanaval.es). Me temo que será sólo ese recuerdo, todo lo que nos quedará de él. Lejos quedan aquellos tiempos en el que un grupo de ingenieros pudieron sacar adelante, con tan sólo una docena de planos, la construcción de este magnífico buque, orgullo no sólo de la construcción naval ferrolana, sino de toda la nación.
Durante su lenta construcción, debido al gran salto tecnológico que representaba la realización de un buque de estas características y a la conflictividad laboral que en aquella época tuvo el astillero, recibió un sinfín de críticas, que el tiempo ha venido a demostrar como malintencionadas y falsas.
No ha existido en ninguna marina de guerra del mundo un portaaviones ligero más capaz que el “Príncipe de Asturias”, y esto no es exageración, sino que ha sido una realidad. Bastaba comparar sus prestaciones con los coetáneos de la clase “Invincible” (británico) y “Gisuseppe Garibaldi” (italiano). Esta maldita crisis le ha condenado al desguace prematuramente, pues tan sólo necesitaba un “lavado de cara” para seguir navegando al 100 % de su capacidad. La proyectada modernización de vida media pretendía, entre otras muchas mejoras, dotarle de mejor habitabilidad y de modernos sistemas anti-misil. Navantia estimó en unos 400 millones de euros el coste de la modernización, es decir un poco más de lo que teóricamente cuesta el B.P.E. “Juan Carlos I” (360). Pero aunque desde el Gobierno se hubiese preferido emplear ese dinero en hacer otro “Juan Carlos I”, lo único que hubiéramos conseguido, y esto debemos remarcarlo, es disponer de dos excelentes buques anfibios con capacidad de operar aeronaves de ala fija, nunca de un verdadero portaaviones.
