SUSANA GIRÓN
Susana Girón ha sido la ganadora del certamen Fototraballo 2011 que se expone en Fundación Caixa Galicia, convocado por la Fundación Nortempo, cuya meta es dignificar el mundo del trabajo y rendir tributo a todos los héroes anónimos que, a diario, contribuyen con su esfuerzo a hacer de nuestra sociedad un lugar mejor.
Si han escogido la fotografía como medio para hacerlo es porque “constituye un testigo directo y vivo de la humanidad”, según dice Bartolomé Pidal Diéguez, presidente de la Fundación.
Los motivos y los protagonistas elegidos por S. Girón se ajustan y aún desbordan este programa y le han servido para hacer unas hermosas fotografías, donde rostros, espacios, luces, detalles… componen conmovedoras escenas y narran apasionados destinos. Así ocurre con Goyo Salcedo (Morata de Tajuña 1944), que, en ansia de rechazar la guerra y reconciliar las dos Españas, ha creado el Museo de la Batalla del Jarama, doce se exponen más de treinta mil piezas recogidas por él mismo desde los 8 años.
Extraordinaria es la labor de Joan Roig (Mallorca 1940), dedicado a la rehabilitación de jóvenes drogodependientes, en una masía del Parque Natural del Montsant. Y rozando los límites de lo imposible está la pasión mística de Justo Gallego, un labrador de Mejorada del Campo, (Madrid, 1925) que ha erigido él solito, sin más ayuda que su fe y sus manos, un templo de 8.000 metros cuadrados con 25 cúpulas.
Y coronando este trabajo están las fotos que documentan la lucha de las mariscadoras de Cambados, en aras de dignificar su dura profesión: manos maravillosas y fuertes que le arrancan a la ría sus preciados frutos, rostros llenos de seriedad y nobleza, silencios profundos y solemnes de la luz del amanecer sobre sus cuerpos doblados…, Susana Girón ha conseguido captar esta épica del mar, tan escondida, no la de los grandes relatos de navegaciones fabulosas, sino la del día a día que también tiene sus dramas y sus muertes.
Cuatro historias, pues, a cual más ejemplar, con sus claroscuros, ilustradas por la belleza simple de los humildes aperos: un foco que ilumina un túnel, una pala contra el muro, un cubo lleno de almejas, un juego de ajedrez… La vida, en suma, tan dolorosa, y, a la vez, tan fantástica, tan increíble, como estos seres excepcionales o como una puerta, una ventana, un horizonte o un trampolín que puede lanzarnos a las estrellas.
