Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

No es valiente aquél que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo”. Y vaya si Nelson Mandela lo conquistó! Los 95 años que está a punto de cumplir son buena prueba de ello y cuentan la historia de un hombre extraordinario cuya vida es ejemplo de la determinación de la voluntad encaminada a la defensa de la libertad de los pueblos, la igualdad de las personas y la liberación de los miedos. El primer presidente negro de Sudáfrica elegido por sufragio universal forjó el destino de su tierra con una voluntad de acero frente a los intentos de asesinato y la tortura del cuerpo y del alma sufridos durante más de 27 años de prisión. Las conocidas cifras que identifican al preso 466/64 de la prisión de Robben Island no han podido acabar con la serena valentía de un hombre afable que venció a la infamia del apartheid y al odio de la discriminación mediante la tenacidad del humilde orgullo que retrataba el Invictus de Clint Eastwood. Y es que Madiba, como le conoce su pueblo, fue víctima, junto a millones de compatriotas, de la mezquindad y la barbarie de quienes discriminan en función de la raza. Mas ello sólo fue el punto de partida de quien, cumpliendo el inexcusable mandato ético de defender a los oprimidos, inicialmente imitó la lucha pacífica de Gandhi que dejaba en evidencia las prácticas inhumanas e indecentes de esa raza “superior” que se retrataba con látigos, fuego y destrucción frente al poder de los argumentos, la razón y la honestidad infinita.
Aquella pequeña celda donde Madiba pasó más de diez años de su vida no consiguió reducir, ni con las innumerables penurias infringidas, al gran hombre que recibió más de 250 premios y reconocimientos internacionales y fue nombrado Premio Nobel de la Paz en 1993. Aquella Sudáfrica de blancos y negros, de odios disparatados, de crueles vejaciones y violencia salvaje ejercidas bajo los argumentos más penosos y absurdos a los que puede llegar el ser humano un día amaneció libre gracias a la lucha de Mandela y de otros valientes como él, inasequibles al cansancio, al desánimo y a la rendición. Porque las batallas justas siempre conducen a la victoria final. Sólo es necesario levantarse una y otra vez. Porque como nos enseñó Madiba, “la mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”.