DE CINE
Gracias a la iniciativa de un grupo de alumnos de la Facultad de Humanidades y Documentación de Ferrol, se está celebrando un ciclo histórico de cine en el que están programadas algunas películas bastante interesantes. Aunque la primera de estas películas, ya proyectada, fue la que filmó Robert Rossen en 1956 sobre Alejandro Magno, no se trata de un ciclo de filmes “históricos” propiamente dichos, sino de adaptaciones de obras literarias ambientadas o relacionadas con determinadas épocas. Así ocurre con “Campanadas a medianoche”, de Orson Welles (1956), sobre las aventuras y desventuras de un depravado y bastante miserable señor inglés de baja estofa, en el siglo XV, y con “Barry Lyndon” de Stanley Kubrick (1975), que nos narra las de un ambicioso y poco escrupuloso joven irlandés en la Inglaterra del siglo XVIII. El guión de la primera se fundamenta en las obras dramáticas que Shakespeare dedicó a los reyes ingleses de la dinastía de Lancaster, mientras que el de la segunda está basado en una novela de William Thackeray. También se proyectará “La pasajera”, filmada por Andrzej Munk en 1963 y relacionada con el traumático holocausto nazi del siglo XX.
Los promotores de la iniciativa, además de asesorarse adecuadamente desde el punto de vista cinematográfico, decidieron contar con la colaboración de algunos profesores de la Facultad para ver y comentar cada una de las películas, desde el punto de vista histórico y humanístico. Aunque no soy un experto, ni siquiera un gran aficionado al cine, no me cabe la menor duda de su importancia cultural, máxime en un contexto como el actual, en el que se han perdido o se están perdiendo muchos conocimientos y referencias importantes; incluidos aspectos de la cultura que consideramos generales o básicos, como pueden ser los artísticos y los históricos, pero también los éticos y los religiosos, por sólo mencionar algunos.
Por eso, no cabe duda de que este tipo de iniciativas, como otras muchas que surgen en nuestros campus universitarios, resultan de particular importancia. Me gusta recordar que al incorporarme como profesor al campus de Ferrol, pronto hará 20 años, además de mis actividades docentes, fui durante algún tiempo gestor cultural. Desde entonces he ocupado otros cargos más o menos importantes relacionados con la gestión universitaria, pero recuerdo con especial cariño esa etapa en la que a través de diversas actividades se trató de impulsar el espíritu universitario. Siempre habrá una estrecha relación entre la actividad cultural y el desarrollo de las enseñanzas universitarias; al igual que ocurre con la inclusión de las humanidades en cualquier ámbito formativo.
