Ferrol y su puerto
Dos mil años atrás la Ría ya era utilizada como un gran puerto natural, los propios romanos la identificaban como el Portus Magnus Artabrorum. Sus características ya no pasaban desapercibidas para los profesionales de la mar.
A lo largo de la historia su refugio natural fue utilizado por infinidad de marinos de todo el mundo, como por ejemplo, los de la República de Venecia que en su comercio con los países del Norte, ya en el siglo XV, la utilizaban para refugio y aprovisionamiento.
Aun así los inicios del actual puerto comercial, en el siglo XVIII, fueron lentos y difíciles. Curuxeiras competía como sencillo embarcadero y fondeadero con otros muchos en el interior de la Ría: la puerta de San Fernando o el muelle de Fontelonga; la Graña, Neda, Mugardos e incluso Cariño en el actual puerto exterior donde buques de gran porte fondeaban y trasbordaban para aligeramiento de carga.
Su disposición en la fachada del actual Ferrol Vello e incluso su cercanía a la bocana del foso del Arsenal, probablemente fueran circunstancias que ayudaron a su primera expansión aprovechando las rocas que dieron pie al muelle del martillo. La evolución “también fue despacio” entre otros motivos por estar volcada la Corona con el gran proyecto de interés nacional como era la base naval y astilleros públicos, circunstancia que trasladaba con mayor fuerza el comercio marítimo al cercano puerto de A Coruña con un desarrollo mucho mayor y con concesiones de tráficos que se le negaban al ferrolano.
Después de años con escaso movimiento el salto significativo se produce finalizando el pasado siglo. Variadas circunstancias contribuyeron al éxito actual.
En 1998 sobrepasa los ocho millones de toneladas y consolida y aumenta la tendencia del tráfico. Al año siguiente se destaca como el puerto más rentable de los 28 de interés general con 3,7 millones de euros de beneficio y en el 2001 es considerado –por fin– puerto de primera categoría. La progresión ha continuado a lo largo de estos años estableciendo en el 2012 su máximo registro con cerca de 14 millones de toneladas, llegando a estar en el noveno puesto del ránking nacional y consolidándose como el primero de Galicia y tercero de los diez de la fachada norte del país solo superado por Bilbao y Gijón.
Los números confirman que en estos momentos estamos hablando de una de las empresas punteras ferrolanas. Pero además del propio negocio, ya de por si beneficioso para la economía de la zona, hay otros datos que no podemos obviar a la hora de ver aspectos positivos de esta actividad. La entrada en el sector de los cruceros turísticos con 25 buques y cerca de 50.000 pasajeros en este año y con la perspectiva de llegar a las 40 escalas anuales no dejan de ser una ventana al mundo de la ciudad y su comercio, una fórmula más de poner a Ferrol en el mapa.
Los espacios abiertos al mar que disfrutamos todos son un gran beneficio social: paseos marítimos de A Malata y Caranza, miradores y fortificaciones del puerto exterior y el gran punto de encuentro en que se ha convertido Curuxeiras, incluyendo los jardines de La Ranita, salvados del intento de “colocar” tanto la casa del mar como el tanque de tormentas.
Evidentemente tanto éxito no pasa desapercibido y a nuestro puerto “le salen novias” en estos últimos tiempos. En el año 2005 un conocido político de la capital, presidente de Puertos del Estado en su momento, publicaba un informe “casualmente con el nombre de Port-Hércules” donde se demandaba y defendía la fusión de las autoridades portuarias de Coruña, Sada y Ferrol en el horizonte de los años 2010, 2012.
Recientemente un grupo político, también capitalino, demanda con insistencia esa fusión. No se puede negar que la unión hace la fuerza y es la tendencia de una sociedad moderna a pesar de algunos nacionalismos extremos.
Atendiendo a la situación geográfica central del puerto ferrolano, respecto al coruñés y la dársena de San Ciprián ya incluida en nuestra Autoridad Portuaria, así como los excelentes resultados tanto en tráfico como económicos –A Coruña pierde 0,7 millones actualmente– además de un puerto exterior en Caneliñas totalmente operativo, no puede haber ninguna duda de que se debe absorber al coruñés.
Hasta podríamos pensar que en este caso todos nuestros políticos estarían de acuerdo, ahora solo falta saber quién le pone el cascabel al gato y como acaba la historia.
