Es la política, estúpidos
Pues resulta, compañeros, que las “acciones feas” que llenaban las arcas del PP y los bolsillos de sus más importantes comilitones, hasta 2007 están prescritas y se arreglan con dos padrenuestros.
Está visto que otras cositas no son delitos sino faltas y sobra con rociarse con un poco de agua bendita.
Y que el modesto profesor universitario, aupado por el Partido Popular hasta una de las más altas magistraturas del país solo es un buen hombre, desmemoriado sí, pero apto para desempeñar la presidencia del Tribunal Constitucional. En el periódico este caso lo titulan “descrédito de las instituciones” y su señoría, una nimiedad que no le impide ocupar tan relevante sillón.
Y así, el P, copa la dirección de las más importantes instituciones del Estado. O sea que ¡son los amos de España! y es que sus militantes (por obligación) tienen que “cumplir todas las normas e instrucciones del partido, las instrucciones y directrices y ajustar su actividad política a los principios, fines y programas del Partido Popular.
Y todo esto, queridos amigos, acompaña a la marca España por su paseo triunfal desde Moncloa (donde entre los grandes empresarios figuraban varios de los imputados por asuntos “feos” como donaciones opacas) hasta Maruecos pasando por medio mundo entre jamón serrano y buen vino repartido generosamente en las embajadas de un país que tiene sin comer a miles de niños y donde una de cada cuatro familias está en el umbral de la pobreza.
Pero, claro, se trata de problemas políticos urdidos por los perroflautas que llenan las calles, junto a los yayoflautas que o protestan por la estafa de las preferentes o por los desahucios; apoyados todos ellos por grupos de separatistas, masones pagados con el oro de Moscú que nos envían castristas y “rojillos” pro-chinos.
Y es que, si las donaciones opacas, los sobresueldos opacos y las omisiones de un magistrado ante el Senado no son delito, ¿qué nos queda?
La decencia, la ética y, por lo menos, la estética. Y, sobre todo, creer en la política y confiar en los políticos.
Vale que nos dejen sin trabajo, derechos sociales y futuro. Pero que no nos engañen. El descrédito de nuestros regidores lo denuncian –con la prensa internacional–, HSBC, Deutsche Bank y el japonés Nomura que tanto influyen en la economía.
Se trata de algo más importante: la dignidad en la política.
