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Argo era el perro de Italo Svevo. A él le dedica varias de sus Fábulas. En la mitología, Argo es una nave que hablaba y decía profecías y es verdad que los perros son una especie de instrumento que nos permite hablar con unos ojos, con una mirada que interpretamos, que humanizamos. Un alter ego mudo, pero que mueve los ojos, unos ojos infinitos, como el océano. Argo se interpreta a sí mismo, tiene monólogo interior. Argo es un perro de caza, aunque este punto no está claro. Todo perro casero pierde el instinto, es dudoso si ellos se humanizan o nosotros nos animalizamos o todos participamos de algo del otro sin ser totalmente el otro. Todo empieza por los nombres; he visto alguno al que le llamaban Pepe. Luego todos tienen la cara del nombre que se les pongan, también los hombres; el nombre se pega y luego ya no puedes llamarte de otra manera, somos así de sugestivos. También llegan a parecerse a sus dueños o nosotros a ellos, otro punto de disputa. Nos narra Svevo, que era periodista, que “en Alemania había un perro que sabía hablar: hablar como un hombre y con algo más de inteligencia, porque incluso se le pedían consejos”. “Argo sabía hablar y callaba solo por obstinación. Abandoné el periódico y me puse a educar a Argo”. Mi perro Bloom tiene tres movimientos con los que nos divierte: da la pata, a veces las dos, se acuesta, se hace el muerto. Tiene también uno la sensación de que reconoce al veterinario desde lejos, con lo cual se acuesta y se para. A veces parece que va a hablar, pero no sé en qué idioma. “Fracasé porque mi intención era enseñar a Argo el italiano”; Svevo sin embargo llegó a entender la lengua del perro. Argo la palmó de neurastenia aguda, “la lengua del perro es más pobre que la más pobre de las humanas”, confiesa que Argo es el primer filósofo de su especie, del cual recibió una frase futurista, “olores tres igual vida”: El de mi amo, el de la perra Tití y el de las cosas. “Y sé que mi amo no corre detrás de Tití, sino ya no sería mi amo, sino un objeto que despedazar” (Argo). El olor no miente. Todas las estúpidas cosas están cargadas en el viento, porque el animal al pasar deja señales por doquier.