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VERDI: EL MAYOR GENIO DE LA ÓPERA ITALIANA

Este año se cumple el doscientos aniversario del nacimiento de Verdi, su obra musical es muy extensa, compuso un total de 28 óperas, así como 20 canciones de música religiosa, varios himnos patrióticos y un hermoso cuarteto de cuerda. Puede afirmarse, sin lugar a dudas, que es el mayor músico operístico de todos los tiempos.
Al lado de sus innumerables éxitos, no dejó de experimentar algún fracaso como es el caso de su primera obra “Oberto, conde de San Bonifacio” y la ópera cómica “Un giorno di regno”.
“Nabucco” constituye el primer gran éxito de Verdi. En ella se narra la historia del exilio babilónico de los judíos en una doble vertiente: político-religiosa por un lado (el enfrentamiento entre Nabucco y Zaccaría el sumo pontífice hebreo) y, por otro, amorosa (Abigaille y Fenena rivalizan por el amor de Ismaele). Con esta obra la ópera italiana toma un nuevo rumbo: una orquestación vibrante, un aliento vocal y melódico arrollador y una importancia expresiva del elemento coral, hasta entonces impensable. La exaltación patriótica despertada por esta obra, símbolo de los ideales del movimiento de independencia italiano (Risorgimento), aún perdura en el público italiano, hasta el punto de que el “Va pensiero” se convirtió en un auténtico himno nacional, como sublime representación de la añoranza por parte de los hebreos de su tierra lejana. Además, la fama del autor con esta obra fue tal que en las paredes de muchas ciudades italianas se realizaron pintadas con la leyenda “Viva Verdi”, resultando VERDI el acrónimo de “Vittorio Emanuele Re d´Italia” (Víctor Manuel II de Italia”), con la finalidad de salvar la censura del invasor austríaco.
Entre 1851 y 1853 Verdi compuso tres óperas decisivas en su trayectoria artística. Después de “Rigoletto”, estrena, en apenas dos meses, “Il Trovatore” y “La Traviata”.
“Rigoletto” es una de las más grandes óperas que se hayan escrito, ello se debe a diversas circunstancias, la vitalidad de los personajes, la fuerza de las situaciones, la belleza de la música vocal y la sutil y descriptiva orquestación. El bufón del Duque de Mantua (Rigoletto) tiene oculta a su hija con el fin de alejarla de la corrupción de la corte. Pero el duque la conoce en la iglesia y la seduce. El Bufón para vengarse contrata al espadachín Sparafucile para que mate al duque, pero la hija, ya enamorada y arrepentida, se hace matar en lugar del noble. Cuando Rigoletto va a arrojar el cadáver al río, se da cuenta de la realidad y su dolor es infinito.
“Il Trovatore” es otra obra maestra y a pesar de lo disparatado del argumento, la inspiración verdiana consigue lograr que la obra alcance un nivel altísimo. Los personajes poseen una fuerza agobiante, sobre todo la gitana Azucena, por el contrario las páginas descritas para Leonora, protagonista femenina, alcanzan una gran belleza que contrata con el personaje de Manrico de una virilidad inusitada. Azucena, para vengarse del viejo Conde de Luna, que ha mandado quemar a su madre, le roba a su hijo y lo arroja a la hoguera. Pero una terrible equivocación hace que sacrifique a su propio hijo. Al final, la venganza de la gitana se hace trágica realidad: el actual Conde de Luna hace ajusticiar a Manrico poco antes de enterarse de su identidad.
“La Traviata” es otra de sus obras geniales, basada en una obra de Alejandro Dumas (hijo) y en un Libreto de Felice Romani. Violetta Valéry, una cortesana de lujo, conoce a Alfredo con el que vive una relación amorosa y su padre, Germont, impone su separación por el bien de la familia. El sacrifico experimentado por Violetta termina con su muerte, víctima de la tuberculosis, en brazos del amado. No podemos dejar de destacar a excepcional belleza de esta obra, desde el patético preludio hasta la impresionante muerte de la protagonista.
“Aida” fue compuesta con motivo de la inauguración de El Canal de Suez. Supuso una plenitud de medios compositivos y de condensación de estilos, únicamente realizable por un músico de la categoría de Verdi. La partitura es perfecta de principio a fin. Las escenas exteriores, de gran vistosidad, contrastan con las escenas de intimidad en las que los personajes se enfrentan a sí mismos y a su problemática vital. A parte de la perfección descriptiva de los personajes, destacan las melodías arrolladoras. Mássimo Mila, especialista verdiano, ha calificado esta obra como una ópera solar e italiana. Aida, esclava de de la hija del rey de Egipto, rivaliza por el amor de Radamés, que ama a la esclava, pero al triunfar sobre las tropas invasoras etíopes que manda Amonasro, el padre de Aida, recibe en premio la mano de la hija del rey. Ramadés descubre un secreto militar y es condenado a morir enterrado vivo. Allí se le reunirá Aida para acompañarlo en el amor y la muerte.    
Verdi sentía una profunda admiración por Sheakespeare, por eso no es de extrañar que sus dos últimas óperas estuviesen inspiradas en temas del dramaturgo inglés: “Otelo” –calificada por la crítica como una obra perfecta- y   “Falstaff”, de una ligereza etérea y una suculencia musical sobresaliente, con reminiscencias mozartianas.
Por último, entre la obra no operística cabe destacar la Misa de Réquiem, obra de gran complejidad técnica para los intérpretes, estrenada en 1874 en recuerdo de su admirado Alessandro Manzoni, escritor y poeta italiano autor de la no menos popular novela “Los novios”.
Esta es una significativa muestra de la obra de Verdi, cuya mayor grandeza es haberla encomendado al ser humano en su dolor, en su pasión,  en su debilidad y en su heroísmo