Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

La crisis económica no sólo reduce nuestro bienestar material, sino que también empeora la calidad de nuestra democracia. El Gobierno ha firmado un decreto para retirar la tarjeta sanitaria a los inmigrantes que no tengan regularizada su situación y de esta manera evitar que sean atendidos en caso de enfermedad a partir del 31 de agosto. Esta medida gubernamental, contraria a los derechos humanos, afecta a unas 90.000 personas extracomunitarias.

Paralelamente, el Gobierno amenaza con durísimas sanciones económicas a las asociaciones que ayuden a empadronar inmigrantes y todo esto para ahorrar a las arcas estatales 100 millones de euros, equivalentes al 0,15% del fraude fiscal provocado por la insolidaridad de las grandes fortunas y por las bajadas de impuestos decretadas por las autoridades en los últimos años.

Además de inútil, es una medida demagógica y xenófoba que aumentará la tensión social al hacer creer a una parte de la población que los emigrantes son los culpables de la actual crisis. Afortunadamente hay personal sanitario dispuesto a acogerse a su código ético para no discriminar a los pacientes en función de su raza, religión o nacionalidad.

Como se supone que el Gobierno será hostil a esta objección de conciencia, algunas asociaciones cívicas están dando pasos para crear cierto escudo protector. Volvemos así a una situación predemocrática, donde se trabajará en condiciones de clandestinidad para cumplir con elementales principios de solidaridad.