Sepulturas y amor
Muchas leyes científicas físicas observan correspondencia en las relaciones humanas. De esta premisa universal afirmativa deriva el magnífico silogismo “El tipo de la tumba de al lado”. La obra está basada en la novela de la sueca Katarina Mazetti, adaptación dramática de Alain Ganas con feliz versión castellana e impecable dirección del mago alquimista José María Pou. Rozando el lleno. Esquemática escenografía de Ana Garay (bancos corridos sobre la plataforma verde de un camposanto). Correcta iluminación y espacio sonoro.
Un hombre y una mujer. Dispares. Opuestos. Pablo, granjero soltero que acude con mil flores a visitar la tumba de su madre, y Laura, intelectual, bibliotecaria, que ha perdido a su marido y desea ardientemente ser madre, cuando la edad declina y multiplica ansiedades eróticas por alcanzar un último tren… El paleto y la delicada paliducha. Los olores rústicos y los aromas finoles femeninos que empujan, al encuentro y a la huida. Se sonríen aunque nada tengan en común. Él habla de tractores. Ella de libros y ópera. Él ha leído, últimamente, “Guía de la cría del ganado vacuno” y ella a Schopenhauer. Mundos opuestos, salvo la soledad común con estructura circular desde un cementerio donde cada uno pretende cambiar al otro… Pese a ello, la viuda pide un favor sin comprometerle: un hijo; él, confiesa que no le gustaría tener un heredero sin padre y, además, por su experiencia con las vacas, sabe que no basta un intento y a veces son necesarios tres. Si fracasamos no te mandaré al matadero…; pero aún nos quedan dos… Deliciosamente femenina Maribel Verdú. Locuaz y humano Antonio Molero. Pareja de ensueño para encender de belleza un cementerio.
