Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Termina el juicio del “Prestige” y no nos sacudimos la sensación de estafa. Se nos agarró por dentro hace ocho meses, cuando la imagen del banquillo, tres figuras desamparadas, anticipaba un proceso en el que faltaban muchos nombres. Demasiado sencillo para ser real. Demasiado conveniente. El capitán, el jefe de máquinas y el director general de la Marina Mercante. Los primeros a los que se señala ante una catástrofe. Bien por las acusaciones y su intento de hacernos creer que con ellos termina todo. Es la jugada perfecta. Tres jubilados que no van a ingresar en prisión sea cual sea el veredicto. Y tres caras que asociar para siempre al desastre. Que calman los ánimos de los que necesitan personificar la responsabilidad; decir “este es el culpable”.
Pero hace tiempo que dejamos de creer que los culpables se sentaban frente al tribunal. Se sucedían los testimonios, los informes –algunos incomprensibles para los que apenas tenemos como referencia una ojeada a las novelas de Patrick O’Brian–, las explicaciones y los intentos fallidos de dar sentido a lo que no lo tiene. Acabamos por preguntarnos no solo cuántos faltaban en el reservado para los acusados, sino cuántos sobraban.
A algunos Mangouras nos ganó desde el momento en que comenzó a hablar desde lo que nos pareció la seguridad de la verdad. Cansado el ritmo, pero firmes las respuestas. Cargadas de un sentido común tan evidente a nuestros ojos que nos llevaba una y otra vez a sorprendernos de que el marino estuviese en el estrado por malas prácticas. Como el jefe de máquinas. Pretender atribuirle la responsabilidad es una maniobra cobarde. También lo es colocar a López-Sors como cabeza visible de la Administración. Pero en política ya nada nos asombra. De las palabras del exdirector de la Marina Mercante se deduce que la falta de profesionalidad estuvo en tierra, no dentro del buque. Que los comités con más burocracia que resolución no tienen cabida ante una crisis como la del “Prestige”. Que, por más que se declarase responsable de las decisiones, las mentes preclaras fueron otras. Y que estas siguen el juicio por la prensa sin que el vertido les manche el traje.
Cuando el juez del caso también echa en falta que haya más acusados, poco queda por decir.