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“Y, aparte del doctorado en Derecho, en Empresariales, en Biología, en Telecomunicaciones y en Bellas Artes, ¿qué sabe usted hacer?”. Es la pregunta que le hace el empleador al joven que, curriculum en mano, va a pedir trabajo.
La viñeta de Forges resume lo que dicen expertos y empresarios: que España “produce” muchos titulados, pero los planes de enseñanza no se adecuan a la realidad cambiante de la sociedad y, por consiguiente, no preparan a los estudiantes  para las necesidades, actuales y futuras, del mercado laboral.
A esta conclusión llega también un estudio de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, que presentó la semana pasada el secretario de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico –OCDE–. Ángel Gurría destacó la poca adecuación de la enseñanza en España al mercado laboral y sostiene que la calidad de nuestra enseñanza es peor que la de otros países, hasta el punto que “un estudiante japonés de secundaria superior tiene un nivel similar de competencias a un universitario español”, afirmación esta última que es una falacia. Basta ver el grado de aceptación de los titulados universitarios cuando salen al exterior.
Sí es verdad que la falta de destrezas –saber hacer– dificulta que los jóvenes españoles encuentren trabajo. Según la directora educativa de McKinsey, existe un desfase entre lo que se enseña para obtener un título y lo que necesita hoy la economía, “educadores y empleadores viven en universos paralelos”, sentencia.
¿Cómo salvar el desfase entre sistema universitario y mercado laboral, entre formación  y empleo? Hay universidades que actúan proactivamente –la Politécnica de Madrid y la Jaume I de Castellón son pioneras–, investigan cuáles son las demandas actuales del mercado laboral y las tendencias de futuro y después adaptan sus titulaciones y planes de estudio a esas necesidades y tendencias detectadas, porque saben que “el aprendizaje es un proceso que prepara para hacer frente a nuevas situaciones en un mundo en constante cambio”, como sostiene James W. Botkin en un informe al Club de Roma.
¿Es ese “aprendizaje innovador”, el que se anticipa al mundo laboral que viene, la hoja de ruta en la planificación del sistema educativo universitario? La pregunta es pertinente, porque cabe la posibilidad de que estemos expidiendo títulos, pero no formando a los estudiantes para afrontar los grandes retos que les esperan en los próximos años