EL DINOSAURIO ESTABA ALLÍ
Cuando esta mañana se despierte el presidente electo del próximo Gobierno de España con la agradable resaca de la victoria electoral comprobará que, parafraseando a Augusto Monterroso, “el dinosaurio todavía estaba allí”.
El dinosaurio son las secuelas que está dejando la crisis que cada día se agrava más ¡y de qué manera!. A la economía camino de la recesión y a los cinco millones de parados, se une la crisis de la deuda soberana que el jueves pasado situó la prima de riesgo en un nivel que la mayoría de los analistas consideran que alcanza el umbral de la zona de rescate. El precio del 7,08 por ciento por los 3.500 millones captados por el Tesoro ese día en el mercado, interés nunca pagado por títulos a diez años, es una severa hipoteca para el futuro presupuestario del país.
¿Se pueden pagar tan altos intereses por la deuda y se podrá pagar la deuda misma? Esta es la pregunta que se hacen los inversores que nos prestan, que está en el origen de la tormenta financiera. Conocí a un paisano leído que cuando se producía algún contratiempo grave en el país solía decir que “o Estado terma de todo”, pero, en este caso, ese todo tiene un límite. Si persiste la economía estancada, las cifras de paro y el bajo nivel de ingresos, el Estado no podrá soportar el volumen de gasto financiero que acarrea la deuda. Solo los intereses acabarán consumiendo los ahorros que pueden obtenerse con las medidas de ajuste y recortes que tendrá que aplicar el nuevo gobierno para lograr el equilibrio presupuestario.
Tratar de prever cuánto tiempo va a seguir esta escalada o de pronosticar cual va a ser la evolución de la crisis, de la prima de riesgo o de la deuda es una osadía con tintes de temeridad. Se puede afirmar que estos ataques despiadados de los mercados persistirán mientras el Banco Central Europeo no apuntale la deuda soberana de los países de la zona euro, como hacen la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra o el Banco de Japón con sus monedas y estados. Pero a Europa le faltan las dos patas de la unión política y fiscal y, sobre todo, el visto bueno de Alemania que mira para otro lado.
Además de la crisis del euro y de la deuda, al presidente electo le esperan muchos retos y otros dinosaurios temibles, entre ellos estimular el crecimiento de la economía para cortar el drama del paro y cumplir los objetivos del déficit sin “castigar” mucho a los ciudadanos. Tendrá que derrochar todo el esfuerzo e imaginación que prometió para sacar al país de esta pesadilla y ojala acierte. Por el bien de todos.
