Sobre cogedores
La tormenta política desatada por la contabilidad sobrecogedora del extesorero del PP, ese personaje de Sin City que cohabitaba con Rajoy en Génova hasta hace muy poco y cuyos papeles acaban de dar la vuelta al mundo para vergüenza de este país, no debería impedir una pequeña reflexión sobre las posibles responsabilidades penales del propio Rajoy y de algún miembro de su gabinete, derivadas de unas tropelías muy propias de la monarquía bananera del duque empalmado. Porque la extrema gravedad de los hechos denunciados en los medios de comunicación, que revelan conductas que bien pudieran ser tipificadas como cohecho, prevaricación y tráfico de influencias, resulta que ponen en evidencia un tan sorprendente como repugnante afán desmedido de lucro precisamente en quienes están empeñados en imponernos una austeridad a la española, es decir, solo para los demás. Que un gobierno pueda aprobar una amnistía fiscal que le permita blanquear las cuentas suizas en negro al extesorero del partido que lo sostiene y que repartió sobresueldos entre sus dirigentes y que sigue manteniendo prebendas en su sede es sencillamente muchísimo más que sospechoso. Porque semejante amnistía fiscal desprende un inevitable tufillo prevaricador que sonrojaría a los más templados. Amén de que empresas adjudicatarias de servicios públicos regalen coches y bolsos a nuestras ministras, les celebren fiestas y hasta les paguen el confeti de sus cumples se trate de hechos que pueden recorrer los delitos contra la administración pública de norte a sur y de este a oeste. Y entre las sorpresas que convulsionan esta España contada en el NODO de la televisión pública, destaca que la Fiscalía no tenga la más mínima curiosidad por investigar tamaños hechos. Amén de la terrible impresión que causa pensar que, ante tanto chorizo, el único castigado hasta el momento sea precisamente el Juez que descubrió esa trama. Una mesnada de impresentables está haciendo tambalear la defensa de nuestra misma democracia y de todo lo que es público, nada más y nada menos, alentados quizá también por la desvergonzada concesión de torticeros indultos. Pero hasta tan miserable momento, que caiga sobre ellos todo el peso de la Ley.
Julio Iglesias es alcalde de Ares
