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Los profundos del país se han levantado en armas en la realidad paralela de las redes sociales. Dichosos de encontrarse con una nueva excusa para iluminarnos con sus discursos de crítica social, vergüenza política y repulsa económica, han afilado las garras antes de sentarse ante el teclado y soltar sapos y culebras sobre la recién estrenada campaña de Loewe.

La posibilidad de demostrar cuán intensos y comprometidos son –lo que mola ahora es estar permanentemente indignado con el mundo– les nubla el entendimiento y ante una buena oportunidad de criticar al prójimo prefieren hacerle el juego a la firma que morderse la lengua. No vaya a ser que se envenenen.

“Arriba la pestaña”. Lo
mismo que se dicen miles
de mujeres cada día antes
de salir de casa. Aunque
de su brazo no cuelgue
un bolso de mil euros

El blanco de sus dardos maliciosos es un vídeo de la Colección Oro que circula a velocidad de vértigo gracias a sus airadas referencias. Doce niños bien, entre fashionistas y fashion victims. Labios rojos, maxigafas, rubios platino con raíces negras, manicura impecable sobre smartphones chillones, pantalones remangados, tacones y plataformas, conjuntos chic, chaquetas de cuero y sensación de confianza. Supuestas confesiones que parecen espontáneas, con un punto de timidez y mucho de frivolidad. Pero esto es moda, no filosofía. “Arriba la pestaña”. Lo mismo que se dicen miles de mujeres cada día antes de salir de casa. Aunque de su brazo no cuelgue un bolso de mil euros.

“Loewe es estilo. Clase”. No es para todos. Ni gusta a todos. Tampoco es para todos el anuncio. Ninguno lo es. Y nadie inunda internet con protestas sobre los coches que la mayoría no se puede comprar o las pastillas de lavavajillas que nunca usará porque en su minipiso friega los platos a mano. Aunque lo más probable es que cuando se quite los guantes de goma se siente a ver una serie de guapos, ricos y modernos que no se deciden entre los Loubutin y los Jimmy Choo para ir a la fabulosa fiesta de esa semana. La publicidad también es ficción. Apariencia, fantasía, juego. Paseos en barca, puestas de sol y besos perfectos con banda sonora.

Me gusta el vídeo de Loewe. El ritmo es ágil, la imagen fresca y los protagonistas, tan alejados de la tragedia juvenil que parecen de otro mundo, me provocan simpatía. A Martín Rivas le sienta bien el traje de galán. Las sobrinas de Ana Belén, tan divinas ellas, llevan con gracia el ser la siguiente generación de glamourosas nacionales. Y la colección de artistas juveniles, evolución de la movida ochentera, es tan singular como cabría esperar. Risitas nerviosas al final de cada frase y palabras arrastradas. Veinteañeros al fin y al cabo.

El bolso, por cierto, no me termina de convencer. La combinación de flúor y cuero no me va. Suerte que nadie me lo iba a regalar.