UN ASUNTO REAL
Las maneras del cine histórico pueden tornarse en asfixiante corsé. Baste repasar los tráiler de varios filmes de este género en la última década y veremos que, a época similar, las imágenes son intercambiables. El exceso de importancia del diseño de producción y vestuario, de la floritura y el ornato antes que la historia y los personajes, es un defecto cada vez más habitual. Un asunto real es excepción a la regla.
Retratando un periodo tan extraordinario como el S. XVIII, y desplazando el foco de los escenarios habituales a una Dinamarca de tonos sombríos, Un asunto real narra con mucho brío el triángulo amoroso entre reina, rey y plebeyo. Lo hace además profundizando en la psicología de los personajes, componiendo un magnífico retrato del ciclotímico Christian VII, la brillante Carolina Matilde y el intelectual progresista el médico de la corte, Johann Friedrich Struensee, dividido entre la razón y la pasión al que interpreta un excepcional Mads Mikkelsen, haciendo de la contención virtud.
Pero además su director –el danés Nikolaj Arcel, que a sus 40 años ya ha tocado géneros como el thriller político, el fantástico terrorífico o la comedia romántica– se permite alejarse de los tópicos de cómo suele filmarse el cine histórico, especialmente el ambientado en el S. XVIII. Para empezar, con su tratamiento de la dirección de fotografía, acompañado de su habitual colaborador en este apartado: Rasmus Videbæk; Rasmus y Nikolaj, remando a contracorriente con el retrato habitual de este período, ensombrecen la iluminación, aprovechando muy bien este recurso para que cada vez que la burbuja de los nobles estalla al verse confrontada con la situación de la sociedad a la que vampiriza este contraste impacte visualmente sin necesidad de subrayados del guion. Incluso se atreve a emplear una técnica muy poco habitual en el cine histórico, el filmar cámara al hombro, normalmente siguiendo la nuca de la reina Carolina para captar sus emociones de una forma casual, frágil; convincente.
Lástima que el tercer estado, leitmotif sobre el que orbita la trama, permanezca casi invisible. Asignatura pendiente que no menoscaba un film sólido y que, sin caer en lo kamikaze, arriesga en lo estético.
