EJECUCIÓN ESTELAR
Cuando en 1983, con solo veinte años, apareció Pierre-Alain Volondat en el Premio Internacional “Reina Isabel de Bélgica”, el jurado y público estuvieron de acuerdo en afirmar que había aparecido una nueva estrella en el firmamento sonoro del mundo pianístico. Ya entonces le caracterizaban los mismos gestos, forma de moverse en escena y mirada al infinito, como si observara el mundo exterior desde un particular firmamento solo reservado para los más grandes: el universo de Volondat.
Fue sorprendente la forma, tras ganar tan elevado galardón, con la que explicó a la prensa su versión de los hechos: “Debo decir algo importante: yo sabía que iba a ganar. El trabajo ha desaparecido porque he reinventado la música en cada momento y ese el objetivo de mi arte”. Aunque la frase pueda parecer presuntuosa nada más lejos de la realidad: Volondat sólo hay uno, con sus peculiaridades, sus particulares estrategias escénicas, pero bendecido por la mano de Dios.
Ahora, en Palacio, escuchamos a Volondat y a la OSG dirigidos por el violinista y actual director invitado permanente de la Orquesta de Cámara de Lausanne, Jean Jacques Kantorow, ambos amigos. Pocos pianistas tienen el valor y profesionalidad de interpretar en una sola audición los dos conciertos de Franz Liszt y hacerlo con la garra, precisión y altura con la que lo ha hecho Volondat. Sonido, fraseo, expresividad y técnica fulgurante fueron parte de su repertorio artístico.
Una demostración así nos hace comprender la categoría de pianista de la que hablamos. Además, si su ejecución es transcendental el instrumentista se gana el derecho del más absoluto respeto por parte de todos. Al final, saludó al público, que aplaudió su ejecución con bravura sin obtener a cambio obra alguna fuera de programa. Él mismo, hizo levantar a los músicos con papeles solistas, como Ferrer o Ètheve, lo que sorprendió, pues esa es encomienda del director, pero tratándose de genios.
Las otras obras fueron “Vistas al mar” de Eduardo Toldrá como preludio, y “La tempestad suite nº 2” de Jean Sibelius, como final. De Toldrá salvamos el segundo movimiento, ya que primero y tercero suenan particularmente diferentes. En cuanto a Sibelius, funcionó de otra forma; probablemente este tipo de música está muy indicada para la batuta de Kantorow, pues hubo movimientos muy precisos y bien dichos, como “Intermezzo” o “Próspero”.
