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Bajo este eufemismo de origen argentino se esconden otros significados muy diferentes: coacción, amenaza, intolerancia, violencia etc. Un demócrata debe rechazar de plano este tipo de actuaciones, pues de lo contrario se convierte en cómplice.
Acudir a los domicilios de diputados del PP, y sólo del PP, para culpabilizarlos de la situación económica del país es una maniobra más de la izquierda radical que debe tener su inmediata respuesta en el orden penal. Y sin contemplaciones. Resulta insostenible desde un punto de vista intelectual que las consecuencias económicas de una legislación hipotecaria que tiene cerca de cien años se le atribuya a un gobierno de derechas que apenas lleva poco más de un año en el gobierno. Algunos quieren borrar de nuestra memoria que el PSOE nos ha gobernado ocho de los últimos nueve años, hecho que este humilde columnista se encargará de recordarlo cada vez que le dé la gana.
Algunos quieren hacernos olvidar que varios de los presupuestos generales del Estado fueron aprobados con los votos de IU y el BNG, entre otros. Y de aquellos fangos estos lodos. Pero estas actuaciones condenables no dejan de ser la espuma del problema principal. Convivimos con un drama social de una envergadura moralmente inaceptable. Está aumentando la diferencia entre las clases altas y las bajas, con riesgo de desaparición de la clase media española.
La misma inmediatez penal que reclamo para los primeros también debe ser aplicada a aquellos directivos de la banca que han provocado la mayor estafa social de la España contemporánea. Me refiero, obviamente, a las víctimas de las preferentes. Observo por la TV, y de forma más directa en las calles de mi ciudad, a estos manifestantes y se repite el perfil, veo a nuestros abuelos. Los mismos que durante años han venido trabajando y ahorrando para garantizarse su futuro y el de sus hijos. No comparto, sin embargo, su estrategia de ataque a los plenos municipales donde gobierna el PP. Parece que se equivocan de diana. Defiendo una vez más el concepto de “derecha social”. Ante situaciones extraordinarias deben tomarse decisiones extraordinarias, incluso políticas intervencionistas del Estado. Que Dios me perdone.