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Tristes noticias (y realidades)

Cuando leí el e-mail que me mandó Ignacio Uranga no me lo podría creer: la librería matritense que tan magistralmente dirigía echa el cierre próximamente. Tan fatal noticia para los amantes de los libros de temática naval no se ha producido fruto de la grave crisis económica por la que atraviesa el país, sino, sencillamente, porque Ignacio, con setenta y seis años y treinta y dos de librero, ha decidido disfrutar de su merecidísima jubilación. Si nada lo remedia (aunque aún hay alguna esperanza de que traspase el negocio), nos quedaremos sin un establecimiento emblemático que más que una librería, para los amantes a la mar y los barcos, era un templo y paraíso del saber marítimo.

En Ferrol aún tenemos la suerte de contar con nuestras “Centrales Libreras” que debido al cierre de la librería del Campus y el semi-cierre de Escarabajal en Cartagena, dejan a nuestra ciudad casi como único bastión de la cultura naval.

Esta nueva clausura me ha hecho reflexionar mucho sobre la utilidad del esfuerzo que muchos de nosotros nos empeñamos en realizar día a día con el fin de divulgar nuestra cultura marítima. Con la sabia perspectiva del tiempo, uno se va dando cuenta de que lo que es nuestra mayor pasión, no interesa en realidad a casi nadie. Así nos lo demuestran día a día las cifras de ventas. El pontevedrés Lino J. Pazos me comentó que de los diez títulos que actualmente tiene disponible de su editorial (Damaré Edicións), al mes, como mucho, y sólo de uno de ellos, llegaba a vender tres ejemplares; ¡y eso a pesar de contratar a una de las mejores distribuidoras del país!

El bagaje no puede ser más desalentador, con casi cincuenta millones de habitantes no llegan a ciento cincuenta las personas que se interesan por la historia naval… pero la realidad es la que es: triste, penosa y cruel.