Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Tendría unos 12 años. Me eduqué en un colegio de los Salesianos, donde los curas me enseñaron lo importante que es el esfuerzo y el mérito. Un día, el que era nuestro padre-profesor, de manera algo vehemente, nos dijo que lo del “enchufe” se había acabado, que en una sociedad que quería integrarse en Europa solo los mejor preparados llegarían a lo más alto. Más de 30 años después, mi experiencia vital hace que recuerde aquel día con una sonrisa en la que se mezcla un poco de condescendencia y otro poco de amargura. Me comentaron que un exministro de la UCD, persona de las más honestas y rectas que he tenido el honor de conocer, quedó sorprendido cuando al finalizar el Consejo de los viernes uno de sus miembros decidió repartir las grandes cruces militares. El bochorno fue mayúsculo cuando, para más inri, le asignaron la del Mérito Aeronáutico. Él entonces adujo que si no había más remedio que aceptar la condecoración que le hicieran el favor de darle mejor la del Mérito Naval, pues era autor de varias obras de Derecho Marítimo, al menos con ello, supongo, su conciencia quedaría algo más tranquila. Todo esto viene a colación porque, aunque ferrolano de corazón, me casé con una malagueña y, como es natural, estos días de Pascua los paso en aquella capital andaluza de procesión en procesión. Este año se ha nombrado legionario de honor al famoso actor Antonio Banderas, cosa que ha despertado mi sorpresa e indignación. Que conste que contra el actor no tengo nada, es más, hay que admirar la promoción que año a año hace de su patria chica; lo que me parece increíble es que se le otorgue tal reconocimiento a una persona tan desligada (al menos en su faceta pública) de las Fuerzas Armadas, en razón de ser, y aquí cito textualmente “[…] persona de bien, trabajadora, honrada y con principios”. Afortunadamente, creo que al menos veinte millones de mis compatriotas comparten con él estas virtudes.  Esta nación no llegará a nada hasta que las verdaderas personas de mérito no ocupen los más altos cargos de responsabilidad tanto de la empresa privada como del Estado.  Decía un amigo mío que “no hay nada más exitoso que el éxito”. Así luego pasa lo que pasa, que los premios “Príncipe de Asturias” tendrán que cargar con la vergüenza de haber galardonado a Lance Armstrong.