SILENCIO
El silencio es como el viento: atiza los grandes malentendidos
y no extingue más que los pequeños.
Elsa Triolet
La ciudad se despertó bajo una finísima lluvia, en medio de un impresionante silencio. La noche había sido dura, muy dura, y al despertar, nada olvidado, nada atrás, todo aquí y allá y por todas partes. Abrí la ventana de mi habitación, hacía una hora que había amanecido, y aunque hacía calor yo sentía frío, así que me puse una camiseta y saqué la cabeza por la ventana para inspirar el aire de la mañana, de aquella mañana triste y extraña. No hay nada más impresionante que el silencio, pensé. El silencio puede tranquilizar y puede dar miedo, y el silencio puede ser la mayor verdad y también, a veces, la peor mentira y yo lo sé. Aquel aplastante silencio, en aquella mañana de finales de julio, hizo que recordase a los vivos y a los muertos, a los malos y a los buenos, a los que están y a los que estuvieron. Regresé a cama esperando a que me llamaras, sin desesperación, con calma, como el que espera algo agradable y bueno, seguro de que tú estabas a salvo en tu isla. Tú en la tuya y yo en la mía, pensé, y eso me hizo gracia y sonreí un poco y puse ojos de cachorro y se me humedecieron los ojos bajo mis cejas con alopecia areata. Después me quedé dormido sobre las sábanas.
En el sueño alguien trataba de decirme algo desde la costa, pero no podía hacerlo con palabras. Yo iba en un barco grande sin capitán ni más pasajeros que tú y que yo. El barco se acercó hasta la costa para poder saber qué me quería decir alguien desde los acantilados. La niebla apenas me dejaba ver dónde estaba. Tú estabas cerca de mí, a mi lado, sin decir nada, contemplando la escena en la que yo trataba de comunicarme con alguien que estaba entre la niebla. Nos acercamos tanto a las rocas que podría haber saltado sobre ellas y adentrarme en aquella niebla de silencio sin tocar el agua, pero no lo hice y nuestro barco regresó de nuevo a la mar y se apartó de la costa, porque de algún modo, de alguna manera, alguien se había comunicado conmigo en sueños, sin utilizar las palabras, y nuestro barco seguía surcando los mares en medio del silencio.
