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“Nobles, discretos barones (así con b), que gobernáis la ciudat, en aquestos escalones desechad las aflicciones, codicias, amor, ruindat. Por los comunes derechos dexad los particulares, que vos fizo Dios pilares de tan riquísimos techos. ¡Estad firmes y derechos!”. Esta leyenda figura en las altas paredes de la escalera secundaria que da acceso a los pisos del ayuntamiento de La Coruña. Se trata de una copia de las estrofas que figuran en el ayuntamiento de Toledo, pero allí Toledo rimaba con “miedo”, que era el original. Aquí se puso “ruindat” para rimar con “ciudat”.

Sea de ello lo que fuere, los discretos barones (símbolo de aristocracia espiritual, coruñeses que calientan estrado en el salón de sesiones del Ayuntamiento se dedican a discusiones bizantinas, intentando averiguar “si son galgos o podencos”, mientras los ciudadanos se mueren de hastío e impotencia.

Una de las facetas más olvidadas y abandonadas se refiere al callejero en el cual duermen el sueño de los justos nombramientos de calles referidas a coruñeses ilustres. Ahí siguen las calles prometidas, sin rotular ni dedicar. El caso más sangrante, por injusto y deleznable, es el referido al doctor Ángel Ron Fraga, fallecido hace bastante tiempo. La Comisión de Honores del Ayuntamiento acordó dedicarle una calle y ya ven ustedes: como quien oye llover.

Si fuese alcalde, ahora, Paco Vázquez, el doctor Ron ya tendría su merecida calle. Ángel Ron fue un ginecólogo excepcional. Uno de los mejores que ha dado la medicina gallega: manos de oro, inteligencia superior, dedicación a su profesión, trajo al mundo a miles de niños que nacieron en la clínica Nuestra Señora de Belén, que él mismo había fundado. Coruñés de tronío, deportivista acérrimo, presidió la comisión de la sede del Mundial 82. Por tal motivo fue condecorado con las más altas distinciones de Perú y Camerún.

Hombre cultísimo, lector infatigable, amigo de sus amigos, el doctor Rona Fraga, que practicaba la caridad no sabiendo su mano izquierda lo que daba la derecha, pudo ser alcalde de La Coruña y ocupar otros mil cargos, renunciando a todo para conseguir traer niños al mundo. Empresario eficaz, La Coruña le debe mucho y le ha compensado poco. ¿Sabrá el actual gobierno municipal reaccionar como “nobles, discretos, barones”?