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¿Por qué?, se preguntan los editorialistas de medio mundo llevando a las primeras páginas de sus periódicos las fotografías de las manifestaciones, represión incluida.

Hay sesudas reflexiones, alguna que otra intencionada crítica y mucho ruido que no hace bien a nadie y pone al Gobierno en la picota.

Y hay, ay, hemerotecas. ¿Recuerdan cuando el PP gallego, con sus alcaldes al frente, rodeó –¿quiso tomar?– el Hórreo? ¡En la tele aparecía Feijóo, capitaneando a los insurrectos!

Recuerden cuando la derecha de Rajoy y Feijóo, antes de que el señor Mas anunciara un referendo, proclamó su boicot al cava y a los productos catalanes asumiendo el papel de “separadores”.

¿Recuerdan que el señor Pons, hace nueve meses y dieciocho días, a la vez que prometía la creación de tres millones de puestos de trabajo, incitó a los jóvenes a seguir el ejemplo de los griegos, de los egipcios, y que se echarán a la calle?

¿Recuerdan cuando las manifestaciones del PP, con la iglesia a su lado, querían en la calle cambiar las leyes del Parlamento elegido democráticamente?

Antes y ellos sí, ahora los demás no.

¿Hay motivos para la indignación?

Por ejemplo, la nueva congelación salarial a los funcionarios –médicos, maestros, policías y jueces– mientras el propio Gobierno aprueba “primas” de cientos de miles de euros al que fue presidente del Tribunal de Cuentas, que lleva “en la pomada” más de treinta años cobrando magníficos salarios y mientras se desangran las plantillas por los ERE, ellos recogen a “ex” como Esperanza Aguirre o Romay Beccaría.

Por la subida del IVA; por la amnistía a los defraudadores mientras aprieta a quienes pagan sus impuestos; por el anunciado aumento del uno por ciento a los pensionistas mientras la cesta de la compra sube un siete; suben también el coste de las medicinas, y anuncian un aumento en el copago de otros servicios sanitarios, para acompañar a una subida de tasas que hacen perder poder adquisitivo.

Secuestraron TVE convirtiéndola en un reducto para sus fieles y un apéndice del PP. Sube la prima de riesgo (¿tiene ahora el nombre de Mariano, señora vicepresidenta?), baja la bolsa, crece el desempleo y el Banco de España augura un futuro peor. Tras nueve meses en el poder queda la constatación del fracaso de sus políticas resumidas en más paro y miseria. Sobran, pues, los motivos para la indignación y la reflexión.